CONTENIDOS
Ferrari Luce: La herejía eléctrica que amarás odiar
Cuando el silencio ruge en Roma: Maranello desenchufa su pasado para salvar el futuro
Estamos en febrero de 2026, en España, con la vista puesta en un calendario que marca en rojo sangre el próximo mes de mayo. Se respira una tensión extraña en el ambiente, esa clase de electricidad estática que precede a las tormentas o a las revoluciones. Mientras escribo esto, los puristas afilan sus cuchillos y los inversores frotan sus manos, porque lo que está a punto de ocurrir en Roma no es solo un lanzamiento; es un cambio de dogma.
Siempre he pensado que hay marcas que no fabrican coches, sino religiones. Y cuando tocas las escrituras sagradas, te arriesgas a la excomunión. Llevo años siguiendo la pista de este proyecto, esquivando rumores y filtraciones, pero ahora las cartas están sobre la mesa. No es un render, no es un sueño de marketing: es real, pesa más de dos toneladas y, por primera vez en la historia del Cavallino, no necesita gasolina.
Aquí no estamos para hablar de voltios como si fuéramos ingenieros de la NASA, sino para entender qué demonios significa que el corazón de Italia deje de latir con explosiones para empezar a zumbar. He visto los bocetos, he analizado los datos técnicos que se han dejado caer como migas de pan y, sinceramente, tengo la sensación de estar ante un objeto que dividirá el mundo en dos: los que miran atrás con nostalgia y los que entienden que, para que la leyenda sobreviva, debe aprender a mutar.
El diseño de la Ferrari Luce y la huella de Apple
Lo primero que te golpea no es la potencia, sino la estética. Hay algo inquietante y a la vez magnético en el interior de la Ferrari Luce. Si cierras los ojos y piensas en un Ferrari, imaginas cuero, olor a gasolina y relojes analógicos. Pero al abrirlos frente a este habitáculo, te encuentras con la firma de un fantasma tecnológico: Jonathan Ive. Sí, el tipo que diseñó el iPhone que probablemente llevas en el bolsillo ha metido mano en el santuario de Maranello.

Es curioso cómo la historia es cíclica. La Ferrari Luce no mira al futuro como una nave espacial de película barata, sino que hace un guiño retro que me ha dejado descolocado. El volante es un puñetazo de nostalgia: tres radios, aluminio fresado, macizo. Nada de plásticos futuristas endebles. Se siente frío al tacto, real, pesado. Y luego está esa pantalla central. La llaman «Binnacle». No es una tablet pegada con pegamento industrial como vemos en tantos eléctricos insulsos; es una pieza de aluminio anodizado con vidrio real, donde tres esferas digitales flotan imitando los relojes de un F355 de 1995.
Es una mezcla extraña. Tienes la frialdad clínica de Silicon Valley dándose la mano con la pasión artesanal de Módena. El túnel central, revestido en vidrio, alberga una llave que parece una joya, donde el Cavallino cambia de color, de amarillo a un tono bruñido, como si se adaptara al estado de ánimo del coche. Me da la impresión de que Ive ha intentado limpiar el ruido visual, pero en el proceso, quizás ha esterilizado un poco esa locura italiana que tanto nos gusta. Aunque, debo admitir, ver botones físicos de nuevo —sí, botones que hacen «clic»— es un alivio en esta era táctil que nos tiene a todos manchando pantallas con los dedos grasientos.
La Ferrari Luce frente a la báscula: potencia contra gravedad
Vamos a lo que importa, a lo que te pega al asiento. Si eres de los que piensa que un eléctrico es una lavadora con ruedas, la Ferrari Luce tiene una respuesta contundente: más de 1.000 caballos. Leíste bien. Cuatro motores, uno por cada rueda, trabajando en una sinfonía silenciosa para catapultarte de 0 a 100 en 2,5 segundos. Es una cifra que marea, que te revuelve el estómago solo de pensarla.
Pero hay un elefante en la habitación, y es un elefante muy pesado. La Ferrari Luce marca en la báscula 2,3 toneladas. Para una marca que ha hecho de la ligereza su bandera, esto es casi una ofensa. Sin embargo, la ingeniería hace milagros. Han colocado la batería de 122 kWh (una bestialidad de capacidad) en el suelo, integrándola en el chasis para bajar el centro de gravedad incluso más que en sus modelos de combustión. Es física pura aplicada para engañar a la inercia.
Me fascina la configuración de los asientos. El conductor va muy adelantado, casi sobre el eje delantero, y los asientos traseros son accesibles gracias a ese extraño baile de proporciones. Es un cuatro plazas, un Gran Turismo pensado para cruzar continentes, no solo para dar vueltas en Fiorano. Y aquí entra la ansiedad de la autonomía: prometen 530 kilómetros en modo «Range». Si te pones en modo «Performance» para desatar los 1.100 caballos, evidentemente esa cifra caerá en picado, pero, ¿a quién le importa la eficiencia cuando tienes un cohete bajo el pie derecho?
El sonido de la Ferrari Luce: ¿Guitarra eléctrica o amplificador?
Este es el punto donde los puristas se rasgan las vestiduras. ¿Cómo suena un Ferrari que no quema nada? Benedetto Vigna y su equipo saben que el silencio es el enemigo de la emoción. Pero se han negado a poner altavoces que imiten un V12. Gracias a Dios. Lo que han hecho con la Ferrari Luce es más honesto, casi poético.
Imagina una guitarra eléctrica. Por sí sola, las cuerdas apenas suenan. Necesitan un cuerpo, una pastilla, un amplificador. Ferrari ha instalado sensores en los ejes y en el inversor para captar las frecuencias naturales de la mecánica eléctrica —ese zumbido, esa vibración metálica— y amplificarlas hacia el exterior. No es un MP3 reproduciendo ruido falso; es la voz real de la máquina, cruda y metálica, elevada a volumen de concierto.
Dicen que solo sonará cuando le exijas al coche, cuando pises a fondo o uses las levas. En ciudad, será un fantasma silencioso. Me parece una solución elegante. No intentan engañarte haciéndote creer que llevas un motor de combustión; te están diciendo: «Esto es nuevo, suena distinto, pero sigue estando vivo». Es un aullido de turbina, de energía pura fluyendo, y aunque no te erice la piel como un V8 atmosférico, tiene su propia belleza industrial.
La estrategia comercial de la Ferrari Luce y el futuro de Maranello
No nos engañemos, Ferrari no hace esto porque quiera salvar a los osos polares. Lo hace porque el mundo ha cambiado y el dinero sigue nuevas corrientes. Pero hay un detalle en la presentación de resultados que me llamó la atención y que tranquilizará a muchos: no van a matar al motor de combustión todavía.
La Ferrari Luce es una opción, no una obligación. El plan para 2030 es un equilibrio casi perfecto: 40% coches de combustión, 40% híbridos y solo un 20% eléctricos puros. Esto es una declaración de intenciones. Te dicen: «Aquí tienes el futuro si lo quieres, pero si prefieres el pasado, también te lo vendemos». Es una jugada maestra. No obligan al cliente tradicional a comprar la Luce para acceder a otros modelos exclusivos, rompiendo esa vieja costumbre de la marca de forzarte a comprar lo que no quieres para llegar a lo que deseas.
El 25 de mayo, en Roma, todo esto dejará de ser teoría. Han elegido esa fecha y ese lugar no por casualidad. Es un homenaje a 1947, a la primera victoria de Franco Cortese con el 125 S alrededor de las Termas de Caracalla. Es cerrar un círculo. De las ruinas del imperio romano y el primer motor de gasolina, a la Roma moderna y el primer Ferrari a pilas.
Al final, la Ferrari Luce no es solo un coche. Es un espejo de nuestro tiempo. Un objeto de deseo imperfecto, pesado, brutalmente rápido y lleno de contradicciones, diseñado por un genio de la electrónica y construido por artesanos del metal. Nos guste o no, es el siguiente capítulo. Y yo, que he olido mucha gasolina quemada en mi vida, no puedo evitar sentir una curiosidad morbosa por ver cómo se siente pisar a fondo ese acelerador y escuchar, por primera vez, el sonido de la electricidad italiana rompiendo el aire.
Nota del Editor: En este mundo donde la tecnología y el lujo colisionan, es vital entender no solo la máquina, sino la narrativa que la vende. By Johnny Zuri, editor global experto en diseccionar cómo las grandes marcas se posicionan en la mente del consumidor y en los algoritmos. Si buscas que tu marca tenga este tipo de profundidad narrativa, escríbeme a direccion@zurired.es o descubre cómo trabajamos la visibilidad en https://zurired.es/publicidad-y-posts-patrocinados-en-nuestra-red-de-revistas/. La historia la escriben los que se atreven a contarla diferente.
Preguntas frecuentes sobre la Ferrari Luce
¿Cuándo se presenta oficialmente la Ferrari Luce? El gran debut será el 25 de mayo de 2026 en Roma, aunque ya tuvimos un adelanto técnico en octubre de 2025.
¿Qué autonomía real tiene la Ferrari Luce? Ferrari anuncia hasta 530 km en modo Range, aunque bajará a unos 400 km en modo Tour y mucho menos si usas el modo Performance.
¿Es cierto que el sonido de la Ferrari Luce es falso? No exactamente. No usa grabaciones digitales. Amplifica las vibraciones reales del motor eléctrico y la transmisión mediante sensores, como una guitarra eléctrica.
¿Cuánto pesa la Ferrari Luce? Es un peso pesado: 2,3 toneladas, debido principalmente a la enorme batería de 122 kWh.
¿Quién diseñó el interior de la Ferrari Luce? Tiene la firma de Jonathan Ive, el ex diseñador jefe de Apple, colaborando con el equipo de Maranello.
¿La Ferrari Luce sustituirá a los modelos de gasolina? No. Ferrari planea mantener una mezcla de combustión, híbridos y eléctricos al menos hasta 2030.
¿Qué potencia tiene la Ferrari Luce? Supera los 1.000 caballos de fuerza gracias a sus cuatro motores independientes.
Para reflexionar
¿Seremos capaces de llamar «pasión» a una experiencia de conducción donde el sonido no proviene de una explosión sino de una vibración amplificada?
Si un Ferrari ya no ruge, no huele a gasolina y se diseña en parte con la filosofía de un smartphone, ¿sigue siendo un Ferrari o se ha convertido en el electrodoméstico más caro del mundo?