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¿Qué cubre un buen seguro de tatuadores y por qué lo necesitas?

¿Qué cubre un buen seguro de tatuadores y por qué lo necesitas? Seguros de RESPONSABILIDAD CIVIL para tatuadores que viven en el futuro

Estamos en agosto de 2025, en el corazón de cualquier ciudad donde la aguja aún canta. 🎵
Un tatuador sin seguro de responsabilidad civil es como un piloto sin paracaídas. Porque aunque tengas manos firmes y tinta sagrada, cualquier vibración de tu máquina puede terminar en una demanda. Y no, el seguro del local no te va a salvar.

Los seguros de responsabilidad civil para tatuadores ya no son un lujo, ni siquiera una opción sensata: son el nuevo básico. Como tener guantes de nitrilo, como desinfectar cada centímetro de piel antes de la primera línea. Porque esto no va solo de arte, va de salud, de confianza y de poder dormir tranquilo cuando cae la noche y alguien, en algún rincón de Instagram, te etiqueta en un story con granitos en el bíceps.

¿Qué cubre un buen seguro de tatuadores y por qué lo necesitas? 1

Origen: ¿Están Los Seguros Para Tatuadores Listos Para El Futuro Inteligente? – ZONA SEGURA

«Cada tatuaje es una historia, pero también un riesgo legal»

Hace tiempo, un colega en una feria de Berlín me lo resumió entre cervezas y agujas rotas: “El día que no tuve seguro, fue el día que más miedo me dio tatuar.” Y lo entiendo. Porque por mucho que cuides cada paso, la piel humana es un misterio, y la tinta, un experimento permanente. Una reacción alérgica, un absceso, una línea fuera de lugar… y boom: llega la reclamación.

Lo que muchos no saben es que el seguro del local solo cubre la actividad como “explotación del negocio”. Es decir, si alguien se cae en la recepción porque tropezó con una planta mal puesta, estás cubierto. Pero si esa misma persona se sienta en tu camilla y luego te acusa de haberle dañado el músculo con la aguja… entonces estás solo.

Y ahí entra la Responsabilidad Civil Profesional. Esa que sí te ampara si alguien dice que su piel quedó dañada. Esa que te respalda si las tintas provocan urticaria, si la piel cicatriza mal o si un pigmento causa una reacción que termina en urgencias. Esa póliza que debería cubrir mínimo 150.000 euros, aunque los más precavidos –o los más sabios– optan por 300.000.

El tatuaje moderno se parece más a la medicina que al arte

Sí, cada vez se parece más a la medicina estética. Tintas “bio”, remoción inkless, camuflaje de cicatrices, láser, micropigmentación… ¿te suenan? Porque ya no hablamos solo de calaveras y rosas, sino de pieles con historia clínica. Por eso necesitas una póliza que hable ese idioma, que entienda que no eres un esteticista con purpurina, sino un artista quirúrgico.

Algunas aseguradoras como Berkley España ya lo están entendiendo. Incluyen coberturas para micropigmentación y camuflaje dérmico. Hiscox ofrece defensa jurídica completa y cobertura para ferias. Unit Seguros tiene un plan con protección por inhabilitación profesional, lo que puede salvarte si un juez dice que no puedes tatuar durante meses por un proceso abierto. Y sí, eso pasa. Más a menudo de lo que crees.

Para los que buscan cuotas bajas y coberturas específicas, está Coinbroker SegurTattoo, que cubre varios estudios y permite pago fraccionado. Los más tecnológicos pueden mirar Masterbrok o aseguratunegocio.com, que funcionan como comparadores con asesoría incluida.

“El arte sin protección es solo riesgo envuelto en tinta”

Cobertura de productos es otra joya que no debes pasar por alto. ¿Usas agujas? ¿Tinta? ¿Cosméticos para después de tatuar? Pues si cualquiera de ellos causa daño tras la sesión, puedes ser tú quien pague los platos rotos. Así que mejor asegúrate de tener esa cláusula bien visible.

Y no olvides la RC locativa: si se te rompe un tubo y el agua daña el local de al lado, si tu máquina provoca un incendio eléctrico, si un vecino se queja por humos, olores o escapes… también hay pólizas que te cubren. La diferencia entre tenerla o no tenerla es como tatuar con guantes rotos. Tarde o temprano, algo se cuela.

Ahora bien, no es solo cuestión de lo que pasa dentro del estudio. El tatuador moderno –ese que no entiende de fronteras ni contratos fijos– se mueve por ferias, eventos, guest spots, workshops. Y necesita cobertura más allá del código postal de su local. Las mejores pólizas hoy incluyen extensión territorial: Europa, Estados Unidos, el mundo. Porque, sinceramente, si viajas a hacer arte, que no te sigan los problemas legales en la maleta.

El futuro del tatuaje es retro, portátil y legalmente blindado

Nos encaminamos a un escenario curioso: robots de precisión tatuando líneas perfectas, pero en estudios decorados con neones ochenteros y música punk de fondo. Una mezcla de futurismo nostálgico donde la máquina aún tiene alma, pero la ley no perdona. Y ahí entra una nueva cláusula que algunos seguros están empezando a incluir: la defensa reputacional.

Sí, como lo oyes. Porque hoy un comentario malicioso en redes puede doler más que un pinchazo mal dado. Y si alguien te difama, si un cliente con ganas de protagonismo decide arrastrarte por el lodo digital, necesitas algo más que followers para defenderte. Necesitas un abogado. Y mejor si ya está pagado con tu seguro.

“El tatuaje no solo entra por la piel, también por el código penal”

Si eres anillador, no estás fuera de este juego. También puedes provocar infecciones, complicaciones, incluso demandas. El piercing mal hecho, la alergia al metal, el cartílago que nunca se cura… Todos esos escenarios deberían estar contemplados en tu póliza, junto a la tinta y la máquina.

Hay un dicho entre los antiguos tatuadores que aún resuena en los estudios con olor a vaselina y aguarrás: “el que se tatúa sin pensar, llora dos veces: una en la camilla, otra en el juzgado.” Quizá deberíamos actualizarlo: “El que tatúa sin seguro, acaba llorando solo.”

Claves para elegir sin miedo pero con criterio

La primera es la especialización: no te fíes de seguros genéricos que también aseguran peluquerías y salones de uñas. Tú necesitas una póliza pensada por alguien que entienda que la piel no es una tela y que un error cuesta más que una blusa rota.

La segunda es el capital adaptable: si trabajas solo, quizá 150.000 € te cubren. Pero si tienes un equipo, invitas a guest artists cada mes y haces sesiones dobles en ferias… apunta más alto. Porque más piel tatuada significa más probabilidad de conflicto.

La tercera, el futuro. Camuflajes cicatriciales, tatuajes sin tinta, pigmentos reactivos… Si tus técnicas cambian, tu póliza también debe cambiar contigo.

Y por último, la flexibilidad geográfica y legal. Si viajas, si haces guest spots, si das clases… todo eso debe estar cubierto. Y si no, estás volando sin red.


“Quien blinda su arte hoy, tatuará mañana sin miedo”

Un seguro no es un gasto. Es una garantía de que cuando tu arte salga mal, tu vida no se irá con él. Porque sí, somos artistas. Pero también somos profesionales. Y no hay nada más liberador que saber que, pase lo que pase con la tinta, tu seguro ya está trazado.

¿Y tú? ¿Estás listo para tatuar el futuro con la misma seguridad con la que tatúas un nombre sobre la piel? ¿O vas a seguir confiando en la suerte, como si la ley no llevara bisturí?

La novela LA PROPUESTA desata pasiones y secretos en una fiesta inesperada

¿Por qué LA PROPUESTA está arrasando entre los amantes del deseo? La novela LA PROPUESTA desata pasiones y secretos en una fiesta inesperada

Estamos en agosto de 2025, en algún rincón elegante y perfumado de la literatura digital. La propuesta de David Lovia se cuela en los primeros puestos del género erótico como un susurro prohibido que se transforma en grito. Sí, La propuesta es más que una novela: es una invitación indecente. Y nadie parece poder decir que no.

La escena arranca como tantas otras: un chico, una chica, una fiesta. Pero aquí no hay brindis inocentes ni bailes anodinos. Hay tensión, secretos de familia, poder, deseo. Y una proposición que dinamita la normalidad. Jorge, un joven de 22 años, estudiante de telecomunicaciones y aparentemente destinado a una vida previsible, se encuentra de repente frente a una encrucijada que lo arrastra fuera del guion.

«Una fiesta, una proposición, y nada vuelve a ser lo mismo»

Lovia sabe lo que hace. Domina el ritmo como si escribiera con metrónomo y termómetro al mismo tiempo: cada página pulsa, cada escena sube la temperatura. No hay concesiones al aburrimiento. Y mucho menos a la moralidad.

Puedes comprobarlo tú mismo en La propuesta en Kindle, donde el morbo y el peligro se dan la mano.

Cuando el deseo y el poder se cruzan en el camino de un joven

Beatriz Beguer, la prima mayor de Cayetana —la novia de Jorge—, es un personaje que se come el escenario. Ella y su marido, Hans Meyer, un empresario alemán de los que dejan huella (y quizás cicatrices), organizan una fiesta donde se abre una puerta inesperada. Allí es donde ocurre la propuesta. Una de esas que parecen hechas para ser rechazadas, pero que, curiosamente, no lo son. ¿Por qué? ¿Por ambición? ¿Por deseo? ¿Por simple curiosidad humana?

Lovia no lo juzga. Solo lo muestra. Y ese es su encanto: deja que el lector sea cómplice. Nos mete en la cabeza de Jorge, en su piel, en sus dudas y en su excitación. Sentimos su vértigo, esa mezcla de miedo y atracción que solo provocan las decisiones que importan.

«No hay morbo sin verdad, ni verdad sin riesgo»

Y es que Lovia, autor de éxitos como La tentación de Sara o El inquilino universitario, no necesita demostrarnos nada. Su legión de seguidores ya lo coloca entre los grandes del género.

La propuesta no es un accidente ni un experimento: es una pieza bien medida, escrita con la soltura de quien sabe que el deseo, como la literatura, es un arte sutil cuando se narra sin tapujos.

El morbo inteligente de un autor que no se repite

El mayor mérito de La propuesta no es solo su contenido erótico, que lo tiene y en abundancia, sino la manera en que lo introduce. Aquí no hay clichés de catálogo ni escenas recicladas. Hay desarrollo. Hay intriga. Hay evolución. Jorge no es solo un cuerpo joven; es un personaje que cambia, que se enfrenta a lo que no esperaba, y que tal vez, muy en el fondo, siempre deseó.

No es casualidad que los lectores digan cosas como “muero por leer La propuesta 2” o “David Lovia nunca defrauda”. Tampoco que se compare al autor con nombres como Tanatos, otro grande del erotismo narrativo. Porque aquí no se trata de escribir escenas calientes por el simple efecto. Se trata de crear atmósferas, de tensar la cuerda, de hacer que el lector aguante el aliento.

«Cada deseo tiene un precio. Y cada precio esconde un deseo mayor»

Y sí, hay sexo. Claro que lo hay. Pero también hay silencios. Miradas. Juegos de poder. Lo prohibido se insinúa antes de mostrarse, y cuando finalmente se desvela, no decepciona. Como esos secretos que uno sospecha pero que necesita oír en voz alta para que cobren sentido.

Un escenario decadente y perfecto para perder la inocencia

La mansión de los Beguer funciona como una trampa de terciopelo. Allí, entre copas de vino caro y jardines que esconden más de lo que muestran, Jorge se convierte en otro. No porque cambie de piel, sino porque por fin se atreve a usarla. Lo que comienza como una velada elegante pronto muta en un laberinto de insinuaciones, desafíos y pactos ocultos.

Lovia conoce la psicología del erotismo: sabe que no hay nada más poderoso que lo inesperado. La propuesta de Hans no es solo un acto carnal; es una puerta abierta a una nueva forma de vida. Una que desafía lo establecido, incluso el amor convencional que Jorge cree tener con Cayetana.

Y ahí radica la fuerza narrativa de La propuesta de David Lovia: en mostrar que lo ordinario puede quebrarse con una sola decisión.

La novela LA PROPUESTA desata pasiones y secretos en una fiesta inesperada 6

Y que, a veces, lo que más nos asusta no es lo desconocido, sino lo que intuimos que podría gustarnos demasiado.

¿Es amor, es deseo, es manipulación?

La novela deja muchas preguntas abiertas. Y esa es parte de su atractivo. No hay moraleja. No hay castigo ni redención. Solo decisiones. Y sus consecuencias. ¿Puede alguien salir ileso después de decir que sí a lo prohibido? ¿Dónde termina la curiosidad y empieza la traición? ¿Y si lo que llamamos traición no fuera más que una forma más honesta de vivir?

“El estilo Lovia”, como dicen sus lectores, tiene eso: la capacidad de hacerte dudar de lo que considerabas evidente. De convertir lo moral en relativo. Y lo carnal en inevitable.

Y por eso La propuesta no se lee solo con los ojos, sino con la piel.

Una saga en potencia que pide más

Es evidente que La propuesta no cierra su historia del todo. Hay hilos pendientes, personajes que piden más desarrollo, situaciones que suplican un desenlace o, al menos, una continuación. Y eso es exactamente lo que sus lectores desean. Lo piden a gritos en las reseñas. Porque esta historia no se agota. Se expande.

“Lo prohibido no siempre es malo. A veces, solo es libre”

Si hay algo claro, es que Jorge no puede volver atrás. Y nosotros tampoco. Una vez abierta la puerta del deseo, es difícil cerrarla. Y mucho más si esa puerta lleva al universo que Lovia ha creado.

¿Hasta dónde estará dispuesto a llegar Jorge? ¿Qué pasará cuando Cayetana descubra la verdad? ¿Qué otras propuestas nos esperan en la sombra?

Si quieres averiguarlo, ya sabes dónde encontrar el inicio de todo: La propuesta en versión Kindle. Pero cuidado: una vez que entres, puede que ya no quieras salir.

¿Skoda vuelve a las motos eléctricas con alma vintage?

¿Skoda vuelve a las motos eléctricas con alma vintage? El futuro eléctrico de Skoda arranca con espíritu retro

Estamos en el verano de 2025, en Europa Central, y algo inusual ocurre en los garajes secretos de una marca que muchos creen conocer. Skoda —sí, esa misma que puebla nuestras calles con berlinas y SUV pragmáticos— acaba de mirar atrás para proyectarse hacia adelante. Y lo hace con una moto. Sí, una moto eléctrica que parece salida de una novela de Julio Verne, pero con batería de litio y alma de cuero curtido. ⚡️🛵

Skoda no siempre fue una marca de coches. En realidad, ni siquiera nació con un volante entre manos. Su origen es más humilde, más íntimo, más rebelde. Y esa es la historia que quiero contarte, porque lo que acaban de presentar —un prototipo llamado Slavia B Concept 2025— no es solo una moto eléctrica. Es una declaración. Una declaración de amor al pasado, de fidelidad al presente y de travesura frente al futuro. Una travesura bien calculada, claro.

¿Skoda vuelve a las motos eléctricas con alma vintage? 11

Origen: Este prototipo de moto eléctrica y aire retro es de una marca muy conocida, ¡y no de motos!

Una moto con corazón de siglo XIX y alma de 2025

Imagina por un momento una escena: un ciclista hastiado por el mal servicio postventa de su bicicleta decide fabricarse la suya. No suena muy futurista, ¿verdad? Pero ese fue el chispazo que encendió la historia de Skoda, aunque por entonces todavía se llamaba Laurin & Klement. Era 1895. No había autopistas ni radares. Había barro, talleres y mucha fe.

Ahora salta más de un siglo adelante. El diseñador Romain Bucaille, con más imaginación que nostalgia, ha resucitado aquella pasión con un proyecto que parece sacado de un sueño steampunk con paneles solares. La Slavia B Concept 2025 no está pensada para romper récords de velocidad ni para llenar concesionarios. Está pensada para emocionar. Para recordar. Para provocar.

El guiño es evidente. Esta moto eléctrica no quiere esconder sus costuras vintage: manillar clásico, asiento de cuero, silueta delgada. Parece una pieza de museo, pero late con corriente. Su cuerpo es limpio, casi minimalista, como esas bicicletas artesanales que solo ves en escaparates de barrios bohemios. Sin embargo, lo que esconde en su interior es tecnología pura. Cero emisiones. Cero humo. Cien por cien estilo.

«Es un tributo rodante a los hombres que lo empezaron todo con grasa en las manos y barro en los zapatos.»

Václav y Václav, los mecánicos que soñaban con volar

Los fundadores de esta historia llevaban el mismo nombre. Václav Klement y Václav Laurin. Dos hombres con mirada técnica y alma inquieta. El primero, librero y ciclista; el segundo, mecánico e inventor. Podrían haber abierto una tienda de paraguas o de lámparas, pero eligieron las ruedas. En una época en que montar en bicicleta era casi un acto de fe, ellos la convirtieron en negocio. Y luego en arte.

Primero diseñaron bicis. Luego pensaron: “¿Y si le metemos un motor?”. Y así, en 1899, nace la Slavia B original, una motocicleta ligera con motor monocilíndrico de 240cc, 1,75 caballos de fuerza y una velocidad punta de 40 km/h. ¿Ridículo? No para aquella época. Era casi como volar bajo.

Laurin & Klement crearon una moto que no necesitaba justificar nada. Era el rugido de dos mentes unidas por la mecánica y una idea: el movimiento como libertad.

«No hace falta ir rápido si sabes hacia dónde vas.»

El eco de un pasado que se electrifica

Más de 120 años después, alguien en la marca decide que ha llegado el momento de recordarlo. Y no con una nota de prensa aburrida o un museo interactivo. No. Lo hacen construyendo una moto conceptual que mezcla cuero con voltios, estética con historia, y nostalgia con visión.

La Slavia B Concept 2025 no va a producirse en masa. No está pensada para competir con Tesla ni para hacerse un hueco en los garajes urbanos. Está pensada para contar una historia. Para ser una cápsula del tiempo con ruedas, una declaración poética de que lo nuevo no siempre tiene que ser un corte con lo viejo. A veces, lo nuevo es una conversación con el pasado. Una reverencia. Un “gracias”.

Y eso, curiosamente, es más provocador que cualquier innovación que venga disfrazada de hologramas o pantallas curvas.

Como cuenta SoloMoto en su análisis del prototipo, el proyecto de Bucaille es una “pieza única de museo futurista”, una rareza emocional que demuestra que una gran marca aún puede permitirse soñar sin pedir permiso.

Cuando los coches miran hacia las motos

Lo fascinante es que esta moto no es una simple ocurrencia de diseñador. Es parte de una corriente subterránea que recorre la industria automovilística. Una especie de deseo por volver a las raíces, de abrazar el pasado sin cinismo.

¿Te has dado cuenta? Las marcas que comenzaron fabricando bicicletas o máquinas de coser hoy hacen coches que conducen solos. Pero de vez en cuando, sienten la necesidad de quitarse el traje tecnológico y volver a ensuciarse las manos. Por eso esta Slavia B eléctrica es tan importante. Porque no es una estrategia de mercado. Es un capricho hermoso, un gesto de humildad.

Y qué ironía, ¿no? Que en una era de inteligencia artificial, el acto más valiente sea mirar 125 años atrás y decir: “Vamos a volver a hacer eso. Pero con baterías.”

«El futuro no siempre avanza. A veces da media vuelta y sonríe.»

¿Y ahora qué, Skoda?

¿Qué significa este gesto para una marca como Skoda? Tal vez nada. Tal vez todo. En un mercado dominado por cifras, algoritmos y eficiencia, hay algo profundamente humano en detenerse a homenajear una vieja motocicleta olvidada.

Quizá esta moto no se produzca jamás. Quizá nunca la veas en la calle. Pero eso no le quita valor. Al contrario. Le da sentido. Porque no todo tiene que ser vendible para ser valioso.

Y si te preguntas si otras marcas harán lo mismo, la respuesta es: ya lo están haciendo. Pero pocas lo hacen con tanta honestidad estética como Skoda. Aquí no hay guiños forzados ni eslóganes vacíos. Solo una moto. Una idea. Una historia.

La memoria como combustible

Puede que esta Slavia del siglo XXI no tenga tubo de escape, pero sí tiene pasado. Y eso, hoy, es más raro que cualquier innovación. Porque mientras el mundo corre sin saber muy bien hacia dónde, hay algo profundamente sensato en detenerse, mirar atrás y tomar impulso desde allí.

Skoda lo ha hecho. ¿Y tú? ¿De dónde tomas impulso?


“Quien olvida su origen, pierde su destino.” (Proverbio eslavo)

“La nostalgia no es debilidad. Es el ancla de los valientes.” (Anónimo)


El futuro eléctrico de Skoda se alimenta de su memoria sobre dos ruedas.

La Slavia B Concept no se vende, pero dice más que cualquier anuncio.

El diseño retrofuturista vuelve con fuerza, pero sin pedir disculpas.


¿Y si el futuro de la movilidad no fuera correr más rápido, sino recordar por qué empezamos a movernos?

El patinete eléctrico futurista que humilla al Tesla y luce como un cyberpunk

¿Puede un patinete eléctrico futurista ser más salvaje que un coche deportivo? El patinete eléctrico futurista que humilla al Tesla y luce como un cyberpunk

Estamos en el verano de 2025 en el Reino Unido, y en una nave brillante de aluminio crudo —más parecida a un prototipo de ciencia ficción que a un vehículo urbano— algo irrumpe como un relámpago sobre dos ruedas. El patinete eléctrico futurista no solo existe: acelera más rápido que un Tesla, ruge (silenciosamente) con la potencia de una moto deportiva y, para colmo, se presenta vestido con un diseño cyberpunk que parece sacado de un cómic japonés mezclado con el espíritu indomable de los café racers británicos. ¿Qué demonios está pasando aquí?

“No es un juguete, es una declaración de guerra estética y técnica”. Y sí, estoy hablando de un patinete. Pero no de cualquiera.

El patinete eléctrico futurista que humilla al Tesla y luce como un cyberpunk 16

Origen: El patinete atómico capaz de llegar a 160 km/h

Bo Turbo, el misil callejero que ríe en la cara de la lógica

La historia comienza con una marca británica llamada Bo, que hasta hace poco era poco más que un secreto bien guardado entre ingenieros con pasado en la Fórmula 1. Ellos son los culpables del nacimiento de una bestia llamada The Turbo. Un patinete de alta potencia tan obscenamente rápido que parece haber olvidado su tamaño.

Imagínalo: 24 kW de potencia. Lo que traducido a nuestro idioma significa 32 caballos metidos en un espacio más pequeño que una tabla de skate ancha. Todo enmarcado por un chasis de aluminio crudo que recuerda a un Cybertruck licuado con una nave retrofuturista. ¿Velocidad? Acelera más rápido que un Model 3. ¿Precio? Cerca de 30.000 dólares, aunque eso es solo el billete de entrada. Para tener uno, necesitas algo más que dinero: necesitas estar dentro del círculo.

Este aparato no está pensado para la ciudad. No obedece normas. No entiende de límites. Es pura provocación. Pura adrenalina en la era del silencio eléctrico. Y una prueba viva de que la movilidad del futuro puede ser tan salvaje como bella.

“Es más rápido que muchos coches y más sexy que cualquier scooter”

“No es un vehículo, es una fantasía con ruedas”

Ahora bien, uno se pregunta: ¿cómo demonios llega un patinete a estos extremos? ¿Qué tecnologías ocultas se han filtrado del mundo de la competición para alimentar este fenómeno?

La alquimia electrónica que lo hace posible

La clave está en la sinergia entre motores sin escobillas, electrónica inteligente y baterías monstruosas. Hablamos de tecnología extrema, de componentes que antes solo veíamos en drones militares o coches eléctricos de competición. Patinetes como los de Dualtron o YUME ya montan frenos hidráulicos, doble suspensión hidráulica, IoT integrado y actualizaciones OTA que te llegan al móvil como si fueran parches de software para una consola de videojuegos.

Estos dispositivos están equipados con baterías de alta densidad energética capaces de llevarte a más de 160 km/h o cruzar la ciudad con más de 100 km de autonomía sin sudar. Algunos incluso integran sensores que miden el estado de salud del motor, el nivel de desgaste de la rueda o la temperatura del sistema de frenado. Sí, como un coche. Solo que mucho más divertido.

Y mientras tanto, los fabricantes no paran. La gente de Segway experimenta con motos de hidrógeno y diseños que parecen sacados de Akira. Otros como YUME o Olsson and Brothers juegan con las curvas y colores setenteros, pero reinterpretados bajo el filtro cyber.

Cuando el pasado se cuela en el futuro con gafas de aviador

Y entonces ocurre algo inesperado: esta tecnología futurista no camina sola. La acompaña un estilo retrofuturista, una estética que no busca solo impactar, sino seducir al recuerdo. Patinetes que parecen salidos de un garaje de los años 70, con carcasas que emulan tanques café racer y pantallas digitales que parecen relojes analógicos tuneados por un geek de los 80.

Lo retro vuelve, pero no como parodia. Vuelve como bandera de una nueva libertad urbana, de esa nostalgia con esteroides que no pide permiso. Me recuerda a aquellos tiempos en que los jóvenes ingleses tuneaban sus motos para “alcanzar el ton” —100 millas por hora— sin importar nada más que la emoción. Ahora esa emoción se alimenta de iones de litio y chispas eléctricas.

“La velocidad no mata, pero la lentitud sí aburre”

Entre lo bestia y lo sublime: diferencias con un patinete convencional

Comparar un patinete eléctrico futurista con uno urbano común es como poner frente a frente a un Fórmula 1 y un Fiat Panda. El primero tiene motores dobles que superan los 10,000W por rueda, suspensiones hidráulicas multibrazo, neumáticos de competición, chasis de fibra de carbono y plataformas anchas que parecen pistas de aterrizaje.

El otro, pobre, ni siquiera tiene frenos decentes.

El Dualtron Storm, por ejemplo, tiene autonomía de 120 km, velocidad punta de 100 km/h y capacidad para subir pendientes del 35% como si fueran un juego. Su primo, el Thunder, alcanza los 6,700W, dejándote en el sitio si no agarras bien el manillar. Y eso sin contar la gestión térmica, el control por aplicación móvil o el modo turbo.

La diferencia está en todo: potencia, estructura, respuesta, diseño, incluso en la filosofía.

“La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa.”
(Proverbio tradicional)

Lo que viene no es un patinete. Es una forma de mirar el mundo

Esta fiebre por el diseño agresivo, por lo cyber-retro, por los acabados que parecen sacados de una peli de Ridley Scott, va más allá de la estética. Es una respuesta. Una manera de decir: “quiero moverme, pero no como todos”.

Y ahí está la esencia. En un mundo que todo lo quiere igual, donde los patinetes parecen electrodomésticos con ruedas, esta generación de bestias rompe el molde. Es un poco Mad Max, un poco Blade Runner, un poco la banda sonora de Kavinsky en una noche de neón. Y todo sobre dos ruedas.

“No se trata de moverse, se trata de cómo se vibra mientras te mueves”.
Eso es lo que ofrecen estos nuevos patinetes de lujo.

El futuro ya no es silencioso. El futuro zumba, brilla, te arranca una sonrisa al acelerar.

¿Y ahora qué? ¿Qué vendrá después del turbo?

Uno se pregunta si el límite está en la velocidad, o si lo siguiente será el vuelo. ¿Llegarán los patinetes voladores? ¿La fusión entre skate, dron y moto? Ya hay quien trabaja en ello. Pero mientras tanto, basta con mirar al suelo… y ver que hay una nueva clase de vehículos personales naciendo. Una clase con alma, con diseño, con carácter. Una clase que parece diseñada por ingenieros y soñadores a partes iguales.

Así que la próxima vez que veas un patinete eléctrico futurista, no lo subestimes. Tal vez no sea solo un vehículo. Tal vez sea una pista sobre cómo se verá y se sentirá la libertad dentro de unos años.

¿Y tú? ¿Estás listo para dejar atrás el pedal y abrazar el voltaje puro?


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¿Y si el verdadero futuro no se conduce, sino que se desliza?

RENAULT 4 E-TECH devuelve la nostalgia con voltios y sin concesiones

¿Puede un clásico eléctrico cambiar el rumbo del futuro?

RENAULT 4 E-TECH devuelve la nostalgia con voltios y sin concesiones

Estamos en 2025, en el corazón de Europa, donde los adoquines todavía crujen bajo los pies y los motores ya no huelen a gasolina. Renault 4 E-Tech suena como un oxímoron eléctrico, una paradoja con ruedas, un salto al pasado con batería de litio. Y sin embargo… aquí estoy, rodeado de pantallas, cables y esa silueta familiar que vuelve a la vida. No es solo un coche. Es un fantasma que ha aprendido a hablar en código binario.

El Renault 4 E-Tech no se limita a resucitar un icono. Lo reprograma. Lo electrifica. Y en ese renacimiento no hay lugar para la melancolía pasiva: hay una voluntad explícita de conquistar el futuro sin traicionar el alma.

Cuando los “blue jeans” se enchufan al siglo XXI

El viejo Renault 4 fue, según Pierre Dreyfus, un coche con espíritu de vaquero. “Blue jeans sobre ruedas”, decía, y no exageraba. Barato, robusto, democrático, más práctico que bonito y más libre que obediente. Era el coche de los estudiantes, de los abuelos, de los carteros y de los revolucionarios con pañuelo rojo.

RENAULT 4 E-TECH devuelve la nostalgia con voltios y sin concesiones 21

Ahora, esa filosofía reaparece en una forma tan extraña como encantadora: un SUV compacto y eléctrico que no olvida su linaje. Jorge Da Cruz Martins, el ingeniero jefe del proyecto, se compró un Renault 4 de 1971 durante el desarrollo del nuevo. Dice que lo está restaurando y que pronto lo pondrá junto a su nieta eléctrica en el jardín. La imagen no puede ser más potente: el ayer y el mañana tomando el té bajo un cerezo.

“La historia se repite, pero ahora brilla con LED y navega con Google Maps.”

Una plataforma llamada AmpR y una filosofía sin frenos

El nuevo Renault 4 no se basa en adaptaciones improvisadas. Utiliza la plataforma AmpR Small, diseñada desde cero para ser eléctrica. Ampere, la división del grupo Renault especializada en vehículos eléctricos, no está jugando a rehacer el pasado. Está escribiendo su propio manifiesto.

Con más de 300 patentes aplicadas y una arquitectura llamada SWEET400, creada junto a Google, el coche logra lo imposible: es pequeño por fuera y enorme por dentro. Bajo el capó (que ya no tiene sentido decirlo así, pero seguimos haciéndolo) vive un motor de 150 CV y 400 km de autonomía. Todo esto sin traquetear ni despertar al vecindario.

“Es un coche que no pide permiso, pero tampoco hace ruido.”

Inteligencia artificial, pero con alma

El OpenR Link no es un cuadro de mandos. Es una pequeña nave espacial que ha aterrizado sobre el salpicadero. Y sí, lleva Google integrado. Pero lo verdaderamente insólito es Reno, el copiloto digital con ChatGPT-4o mini, que no solo responde, sino que pregunta, escucha, recuerda y hasta hace chistes (malos, por ahora).

¿Quién pensó que un Renault 4 acabaría teniendo un avatar con conciencia emergente? Quizá sea la evolución natural de una marca que siempre fue más libre que lógica. Hasta los colores hablan de ello: uno de ellos se llama “Vert Hauts-de-France”, un homenaje cromático al azul del primer modelo de 1961. Un guiño emocional que no se improvisa.

La luz es el nuevo cromo

Antes, el cromo era poder, prestigio y una excusa para pulir. Ahora, la luz lo sustituye con humildad y elegancia. El Renault 4 E-Tech será el primer Renault con logo iluminado legalmente permitido en Europa, y lo hace con una sonrisa vertical: faros LED que recuerdan a los redondos del pasado, pero sin nostalgia barata. El capó cuadrado, las puertas con pliegues reconocibles… todo tiene aroma a memoria, pero con textura de futuro.

Stefano Bolis lo dice sin rodeos: «La luz es el nuevo cromo». Y, aunque parezca una frase de diseñador de perfumes, encierra toda una filosofía estética. La belleza ya no reluce. Se enciende.

Ampere, la ambición europea disfrazada de humildad

En 2023, Renault lanza oficialmente Ampere con una misión clara: ser el único “jugador puro” europeo de vehículos eléctricos y software. Nada de híbridos, nada de medias tintas. Solo electricidad, datos y diseño. ¿El objetivo? Lograr la paridad de precios con los coches de combustión para 2027.

¿IPO? Cancelada. ¿Financiación? Interna. Quieren ir rápido. Muy rápido. Tras el Renault 5 y este Renault 4, llegará un Twingo eléctrico por menos de €20.000. Y aún quedan dos modelos más en la chistera antes de 2030.

Fuego, agua y humanidad

Uno pensaría que los franceses no se preocupan por incendios. Pero en Renault no se andan con metáforas: desarrollaron un sistema llamado Fireman Access que permite apagar incendios de baterías eléctricas en menos de 10 minutos. Y liberaron la patente para todo el sector.

Esto no es altruismo. Es humanismo con voltios. Renault no quiere que sus competidores fracasen. Quiere que nadie muera por un coche que no pudieron apagar a tiempo. A veces, la innovación también tiene cara de bombero.

“Cuando se trata de seguridad, no hay competencia. Solo humanidad.”
(Luca de Meo, CEO de Renault Group)

El retrofuturismo no es estética, es estrategia

Hay quien dice que lo retro-futurista es una moda. Pero no. Es un anzuelo. Un truco emocional. Un atajo al corazón del consumidor que aún desconfía del silencio de los coches eléctricos. Porque nadie teme al futuro si se parece a su infancia.

Y ese es el secreto del Renault 4 E-Tech. Parece una caricatura amable del pasado, pero es un bólido del presente. Cada línea evoca la historia, pero cada LED ilumina lo que viene. Es un acto de seducción visual perfectamente medido.

600 formas de decir “yo”

El Renault 4 original era un coche para todos, pero no un coche cualquiera. Era adaptable. Transformable. El nuevo no se queda atrás: más de 600 combinaciones posibles, desde techos de lona hasta llantas, acabados, colores y accesorios. Incluso la funcionalidad se mantiene: 420 litros de maletero y una cabina que parece pensada por Marie Kondo.

Porque sí, incluso los nostálgicos quieren espacio para llevar la bici, el perro y la compra.

El pasado no muere, se recarga

El Renault 4 E-Tech no es un coche. Es una metáfora. Una declaración de principios. Una obra de ingeniería que abraza la historia sin miedo a reescribirla. En un mercado europeo dominado por cifras chinas, algoritmos alemanes y políticas sin alma, este coche planta cara con una sonrisa de faros redondos y una carcasa que late.

No se trata solo de competir. Se trata de conectar. Con el pasado. Con la memoria. Con el futuro que viene, inevitablemente eléctrico y posiblemente más humano.

“El futuro no siempre es nuevo. A veces tiene forma de recuerdo eléctrico.”


“El que no recuerda el pasado, está condenado a reinventarlo mal.”

(Adaptación libre de George Santayana)

“No hay caminos nuevos sin mapas antiguos.”

(Proverbio europeo)


El Renault 4 E-Tech es la infancia de alguien rediseñada para sobrevivir al mañana

Cada kilómetro eléctrico que recorre está hecho de memoria y de deseo

¿Y tú? ¿Estás listo para volver al futuro… con una sonrisa y sin gasolina?

El NOTHING PHONE 3 devuelve el alma perdida a los smartphones modernos

¿Por qué el NOTHING PHONE 3 está conquistando a los nostálgicos del futuro? El NOTHING PHONE 3 devuelve el alma perdida a los smartphones modernos

Es julio de 2025, y nos encontramos ante un fenómeno insólito. El NOTHING PHONE 3 no solo está redefiniendo el diseño de los gadgets, sino que está resucitando una emoción dormida. ¿Recuerdas esa sensación de abrir tu primer Game Boy Color o ver por primera vez un iMac G3 transparente? Esa mezcla de asombro y curiosidad infantil. Pues bien, está de vuelta. Y viene envuelta en cristal, LEDs y una descarada declaración de intenciones: hacer que la tecnología vuelva a ser divertida.

El NOTHING PHONE 3 ha logrado algo que parecía imposible en esta era de dispositivos planos, grises y predecibles: devolverle la personalidad a un objeto que todos llevamos en el bolsillo. Lo más asombroso no es su potencia, ni siquiera su precio competitivo, sino esa combinación imprevista entre nostalgia y visión de futuro que atrapa incluso a los más escépticos.

El resplandor de una idea olvidada

Hace tiempo, los dispositivos no eran discretos ni silenciosos. Eran coloridos, crujientes, brillaban, sonaban. Tenían alma. Apple lo entendió en 1998 cuando lanzó su iMac G3, esa preciosa burbuja translúcida que no solo mostraba circuitos, sino también intenciones. Mostrar el interior de un aparato era una forma de decir “mira lo que hay dentro, esto es lo que te damos, sin trucos”. Y de paso, claro, era un espectáculo visual.

Hoy, Carl Pei retoma esa idea. Pero no lo hace como un homenaje vintage, sino como una evolución. El NOTHING PHONE 3 es un manifiesto de transparencia funcional. Los elementos visibles no son adornos; son partes operativas. Ves las bobinas de carga, los tornillos, la estructura. Todo está ahí, no para presumir, sino para decir: “esto es real”.

Y entonces llega la joya de la corona: la Glyph Matrix. Un mosaico de 489 micro-LEDs que no se limita a notificaciones. Es un sistema de comunicación visual, un nuevo alfabeto lúdico, y sí, también una pequeña consola con minijuegos como “Spin the Bottle”. Porque si algo nos enseñaron los años 90 es que un gadget debía divertir tanto como servir.

«La transparencia ya no es estética. Es una declaración de guerra al aburrimiento»

https://www.youtube.com/watch?v=s88-qUfottY

Carl Pei, el punk liberal del smartphone

No hay forma de hablar de esta historia sin mencionar a Carl Pei. Su paso por OnePlus fue solo el ensayo. Lo que quería hacer realmente era esto: crear un dispositivo que devolviera el asombro a nuestras manos. Él mismo lo dice: “La tecnología se ha vuelto aburrida. Todos los teléfonos hacen lo mismo y parecen lo mismo”. Y tiene razón.

El NOTHING PHONE 3 devuelve el alma perdida a los smartphones modernos 26

Cuando funda Nothing en 2020, lo hace con la convicción de que el diseño no puede estar desconectado de la emoción. Y como buen provocador, apunta a una generación que creció entre disquetes y MP3, pero que también vive ahora con IA y pantallas curvas. A esa generación le habla con luces, sonidos y transparencias. ¿Y qué ocurre? Que le escuchan.

Y no solo le escuchan. Compran. Un crecimiento del 577% en mercados como India y más de 7 millones de unidades vendidas globalmente demuestran que la propuesta no es solo estética, sino comercialmente poderosa. En plena era de la clonación tecnológica, Pei ha conseguido que Nothing suene diferente. Y eso ya es mucho decir.

«Carl Pei no diseña móviles. Diseña memorias para el futuro»

Cuando el Y2K se encuentra con la inteligencia artificial

Pero este no es un simple caso de retrofuturismo. El NOTHING PHONE 3 no se queda en el homenaje. Lo que hace es mezclar la estética Y2K —ese delicioso caos digital que dominó el cambio de milenio— con lo más avanzado del presente.

Mientras las luces nos recuerdan a las Nintendo 64 transparentes o a los Tamagotchis brillantes, por dentro late un Snapdragon 8s Gen 4, 16 GB de RAM LPDDR5x, pantalla AMOLED de 6,67″ con 4.500 nits de brillo, y una batería de 5.150 mAh que carga como un cohete. Nada de juguetitos; esto es potencia real.

Y como si fuera poco, entra en juego NothingOS 3.5, el sistema operativo minimalista que ahora se apoya en IA para crear funciones como Essential Space —una herramienta que transcribe reuniones— o Essential Search, el buscador omnipresente dentro del teléfono. Aquí la IA no se siente invasiva ni pretenciosa; simplemente está ahí, como el camarero invisible que siempre sabe lo que quieres.

«¿Tecnología aburrida? No con 489 LEDs que te guiñan el ojo»

La competencia tiembla… y copia

El mercado de smartphones está dominado por cuatro gigantes: Apple, Samsung, Xiaomi y BBK. Cuatro nombres, 1.400 millones de unidades al año, todo predecible. Pero entonces llega un niño con mochila llena de LEDs y dice: “yo tengo una idea distinta”. Y lo más desconcertante es que funciona.

El precio de 799 euros lo pone por debajo de los flagships premium, pero el diseño lo eleva por encima. De pronto, los consumidores no solo miran especificaciones, sino emociones. No preguntan cuánta RAM tiene, sino cómo se siente al sostenerlo. El Nothing Phone 3 no es un benchmark; es una experiencia.

Y claro, los otros reaccionan. Las marcas ya están comenzando a incluir transparencias, luces, elementos modulares. Nada como el miedo al olvido para inspirar creatividad. Pero Nothing lleva cinco años de ventaja en diseño emocional, y eso no se compra con dinero. Se gana con visión.

Un ecosistema emocional para el mañana

La filosofía de Nothing no se queda en un solo teléfono. Se extiende como una tinta invisible por todo un ecosistema. CMF by Nothing, su submarca, lanza el CMF Phone 1 con carcasas intercambiables, tornillos visibles y accesorios magnéticos. Por 239 euros, cualquiera puede entrar al club del diseño con alma.

Y más allá del móvil, vemos cómo la tendencia de lo translúcido y lo lúdico se infiltra en auriculares, relojes, periféricos gaming e incluso routers. El mensaje es claro: la tecnología puede volver a ser divertida sin dejar de ser seria.

Porque si algo nos enseñaron los años 90 es que un objeto podía ser útil y, al mismo tiempo, una fuente de placer estético. Y Nothing ha redescubierto esa premisa, actualizándola con respeto y descaro a partes iguales.

Un espejo retrovisor que apunta al futuro

Lo más interesante del NOTHING PHONE 3 no está en su pantalla ni en sus cámaras. Está en su filosofía. En esa capacidad de reconectarnos emocionalmente con la tecnología. Porque en un mundo donde los dispositivos desaparecen en el fondo de nuestras vidas, este móvil nos obliga a mirar, a tocar, a jugar, a sentir.

Y ese es, tal vez, el mayor legado de Carl Pei: demostrar que aún queda espacio para la magia en la tecnología. Que no todo tiene que ser gris, plano, silencioso. Que un smartphone puede contar historias, despertar memorias y provocar sonrisas. No es poca cosa.

Origen: Design of broadband inductor-less RF front-ends with high dynamic range for G.hn

«En un mundo de clones, ser diferente es el mayor lujo»

“La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa.” (Proverbio tradicional)

“Lo esencial es invisible a los ojos.” (Antoine de Saint-Exupéry)

¿Y si el próximo gran avance tecnológico no es más potencia… sino más emoción?

Nada está escrito, aunque todo se haya diseñado ya. ¿Estamos listos para redescubrir la alegría en nuestros gadgets? ¿O seguiremos mirando pantallas grises sin preguntarnos por qué?

Una cosa es segura: si el futuro viene envuelto en LEDs, cristal y personalidad… yo lo quiero en mi bolsillo.

¿Puede una plantilla retro cambiar tu futuro?

¿Puede una plantilla retro cambiar tu futuro? María Jesús Jiménez y el arte de rediseñar el cuerpo humano

Estamos en julio de 2025 en Madrid, donde el calor aprieta pero los pasos siguen marcando el ritmo de la ciudad. En un rincón discreto cerca de Atocha, una consulta pequeña guarda un secreto que puede cambiar la forma en que caminas, te mueves y hasta cómo te sientes contigo mismo. Porque no se trata solo de pies: el estudio pisada y plantillas es, en manos de María Jesús Jiménez, una herramienta casi mágica que transforma dolores en libertad, rigidez en movimiento, y fatiga en equilibrio. Todo empieza por donde empieza el cuerpo: abajo, en la raíz.

¿Puede una plantilla retro cambiar tu futuro? María Jesús Jiménez y el arte de rediseñar el cuerpo humano
¿Puede una plantilla retro cambiar tu futuro? María Jesús Jiménez y el arte de rediseñar el cuerpo humano

Con una mezcla extraña de ciencia rigurosa y sensibilidad artística, María Jesús convierte cada sesión en una expedición al interior del cuerpo. Su especialidad, el estudio pisada y plantillas, no es un trámite técnico ni un simple molde de silicona. Es la lectura profunda de una historia corporal escrita con huesos, tejidos y hábitos. Como una restauradora que devuelve el alma a una escultura antigua, esta profesional estudia cómo pisas para ayudarte a avanzar, no solo en lo físico, sino en todo lo que implica moverse mejor por la vida.

La historia de María Jesús Jiménez no empieza en el gimnasio ni en una clase de yoga, sino en los pies. Y no cualquier pie, sino ese que usamos para caminar, para sostenernos, para huir o para bailar cuando nadie mira. Es decir, el pie como origen del universo corporal.

El pie como máquina perfecta y portal al equilibrio

Hace tiempo, en una de esas clínicas que huelen a alcohol y esperanza, María Jesús se pregunta por qué algunas personas caminan como si arrastraran la vida. Descubre pronto que el pie es una especie de códice renacentista, una máquina precisa que, como los diseños de Leonardo da Vinci, depende de la armonía de sus partes para funcionar.

Ahí empieza todo. El estudio de la pisada, como si se tratara de descifrar un manuscrito antiguo. María Jesús observa, analiza, mide. Y crea plantillas, sí, pero no esas genéricas que venden en farmacias. No. Ella hace moldes biomecánicos que parecen piezas sacadas de un laboratorio futurista, pero con la elegancia de un zapato hecho a medida en un taller parisino de los años veinte.

“Tus pies saben más de ti que tu horóscopo”, me dice entre risas. Y lo creo.


Cuando el movimiento se vuelve medicina

Lo que distingue a esta mujer de otros profesionales es su doble alma. María Jesús Jiménez también es fisioterapeuta, lo que significa que no se queda en los pies. Suben sus manos por la espalda, llegan al cuello, estudian las articulaciones como un lector voraz devora libros. El cuerpo, para ella, no es una suma de huesos y músculos, sino una sinfonía que hay que afinar.

Pero la música no es solo física. El método Feldenkrais, del que María Jesús es profesora y doctora, propone una idea poderosa: mejorar el cuerpo a través de la conciencia. No se trata de estirarse más, sino de sentir más. Como afinar una guitarra sin cambiar las cuerdas.

En hospitales como La Paz o el Príncipe de Asturias, estudia cómo el equilibrio y la sensibilidad están más conectados de lo que creemos. En sus clases —ahora también online—, enseña a personas normales a moverse como si fueran extraordinarias. Personas que han olvidado cómo era caminar sin dolor, agacharse sin miedo, girar sin chirriar.


Diabetes, obesidad y la ciencia del ejercicio bien hecho

Otra de sus pasiones —si es que no son todas una sola— es la investigación. María Jesús no se contenta con la consulta, ni con la enseñanza. Es de las que van a congresos, escriben papers, se plantan en Harvard con una sonrisa y una tesis bajo el brazo.

Allí ha hablado sobre neuropatía diabética, equilibrio y disfunción vestibular. No suena sexy, pero imagina poder evitar una caída que te puede cambiar la vida. Imagina un ejercicio tan bien pensado que no solo mejora tu salud, sino que previene males futuros. Es como viajar al futuro en zapatillas de andar por casa.

También ha desarrollado programas personalizados de ejercicio físico para personas con diabetes u obesidad. Aquí no hay pastillas milagrosas, ni retos de Instagram, ni frases de taza de desayuno. Hay ciencia, atención y una comprensión profunda del cuerpo y sus ritmos.

“Moverse bien no es un privilegio, es una forma de respeto hacia uno mismo”, me dice. Y me deja pensando.


Publicaciones que brillan como planos olvidados de Tesla

María Jesús no alardea de su currículum, pero si escarbas un poco, te encuentras con joyas académicas que harían palidecer a más de un catedrático. Su artículo sobre el “Gouty Tophy” suena más a banda de punk que a publicación médica, pero ahí está, en Dermatology Open Journal. Como si alguien hubiera metido ciencia en una botella y la hubiera lanzado al mar esperando que alguien, en otro siglo, la recogiera.

Sus comunicaciones orales en jornadas de podología o sus trabajos sobre el hallux limitus funcional son, en realidad, mapas del tesoro. Cada uno revela algo sobre el cuerpo que aún no sabíamos o no queríamos ver.

“El cuerpo humano es el primer robot que aprendió a sentir”, me suelta en un momento. Y me vuelve a dejar sin palabras.


Feldenkrais, vintage y futuro en una misma sala

Las sesiones de Feldenkrais, ya sea en su consulta en Madrid o a través de Zoom, son algo entre ritual y ciencia. Gente común, tumbada en el suelo, moviéndose despacio, casi con pereza. Pero lo que ocurre ahí no es pereza, es precisión. Es la lentitud del reloj antiguo que no se atrasa jamás.

El método parece salido del pasado, y sin embargo apunta a un futuro donde la rehabilitación será tan sutil como eficaz. Imagínalo integrado en un exoesqueleto, en un robot de asistencia, en una coreografía de inteligencia artificial. Todo empieza con un pequeño movimiento de hombro o cadera. Como quien aprende de nuevo a caminar, pero esta vez con la conciencia despierta.


“Tu postura es tu historia escrita con huesos”

No hay nada más retro que caminar bien y nada más futurista que moverse sin dolor. En ese cruce imposible vive María Jesús Jiménez, haciendo que cada consulta suya sea una expedición arqueológica hacia la raíz del dolor.

Sus plantillas no son solo soporte. Son una forma de reescribir la historia corporal. Sus programas de ejercicio no son rutinas. Son caminos hacia la libertad. Y sus clases de Feldenkrais no son terapias. Son conversaciones con uno mismo.


“Lo más moderno que puedes hacer es conocerte a ti mismo”

¿Cómo saber si necesitas una plantilla o una clase de Feldenkrais? Fácil: escucha a tu cuerpo. Si cruje, si se queja, si no te deja dormir o te hace andar raro… probablemente ya tienes la respuesta.

Puedes encontrarla en Calle General Lacy 4, Madrid, o incluso contactar por WhatsApp al 629 24 21 89. Su consulta está cerca de Atocha, pero también a un clic si prefieres las sesiones online. Hay un formulario sencillo en su sitio web oficial si eres más de escribir que de llamar.


¿Y si el futuro de la salud empezara por tus pies?

¿Es posible que la medicina más avanzada del mañana consista en moverse mejor hoy? ¿Que una plantilla personalizada pueda ser más efectiva que una operación? ¿Que aprender a girar la cabeza suavemente pueda prevenir una caída dentro de diez años?

Lo curioso es que, en el mundo de María Jesús Jiménez, la respuesta no viene de una app ni de un laboratorio futurista, sino de ese viejo amigo que siempre nos acompaña: el cuerpo humano. Y lo mejor de todo es que, al parecer, todavía no hemos leído todas sus páginas.

¿Y tú? ¿Hace cuánto no escuchas lo que tus pies tienen que decirte?

La GESTIÓN EMPRESARIAL ya no es lo que era, y es bueno

¿Estás listo para liderar con la GESTIÓN EMPRESARIAL del futuro? La GESTIÓN EMPRESARIAL ya no es lo que era y eso es bueno

Estamos en julio de 2025 y el mundo empresarial ya no gira en torno a corbatas ni presentaciones en PowerPoint, sino alrededor de datos que respiran, decisiones que se automatizan y estrategias que se adaptan solas. En este escenario vertiginoso, el programa de gestion empresarial se ha convertido en el nuevo corazón operativo de las organizaciones. No hablamos de una simple herramienta contable, sino de una inteligencia silenciosa que conecta todas las piezas del negocio: finanzas, logística, ventas, atención al cliente. Todo en tiempo real. Todo con una precisión que hace que el Excel parezca una reliquia de museo.

La GESTIÓN EMPRESARIAL ya no es lo que era, y es bueno 35

Hace apenas unos años, elegir un programa de gestión empresarial era una decisión táctica, casi rutinaria. Hoy es una cuestión de supervivencia estratégica. Las empresas que aún dudan en digitalizarse no es que estén retrasadas, es que directamente están fuera de juego. Porque no se trata solo de adoptar tecnología, sino de dejar que esta transforme la forma en la que pensamos, decidimos y actuamos dentro de la empresa. Las reglas han cambiado, el tablero es nuevo y quien no tenga su software afinado… ni siquiera sabrá que ya ha perdido la partida.

La gestión empresarial futurista no se limita a automatizar procesos: reinventa la manera en que una empresa piensa, actúa y sobrevive. Y lo hace con la lógica de un ajedrecista posmoderno que no juega por turnos, sino en tiempo real y en todos los tableros a la vez. De pronto, lo “tradicional” no solo suena anticuado, sino que comienza a parecer directamente peligroso.

“La gestión tradicional ya no tiene el control remoto del mando”

Lo futurista no es ciencia ficción si ya lo tienes instalado

El primer impacto llega sin tocar la puerta. El algoritmo ya sabe que necesitas un informe antes de que tú sepas qué problema tienes. La inteligencia artificial, ese cerebro sintético que antes era solo material para películas de Spielberg, se convierte ahora en el asistente silencioso que analiza datos a una velocidad que haría llorar a cualquier contable con calculadora. Las empresas que han apostado por la IA operan con una precisión quirúrgica que hace parecer torpes a sus competidores.

Pero aquí no se trata de sustituir humanos por máquinas, sino de que los humanos por fin se liberen de tareas absurdas. Se acabó el copiar-pegar de celdas infinitas: ahora los robots lo hacen y, además, sin quejarse. La automatización robótica (RPA) se cuela en las trincheras del día a día. Procesos repetitivos, como actualizar inventarios o procesar pagos, pasan a ser gestionados por un enjambre invisible de bots hiperdisciplinados.

Y mientras tú duermes, el blockchain vigila. Porque sí, en este futuro empresarial, la confianza también se programa. Ya no dependemos de sellos, firmas ni juramentos: las cadenas de bloques hacen que cada transacción sea incorruptible, verificable, imposible de falsear sin que todo el sistema grite. Las aplicaciones en logística o contratos inteligentes han convertido el término “confianza” en algo matemático.

“Las decisiones ya no se improvisan, se predicen”

El ERP ya no es un software, es el alma digital de la empresa

Los sistemas de planificación empresarial (ERP) no son precisamente nuevos, pero lo que está ocurriendo con ellos ahora es otra cosa. Ya no son herramientas. Son oráculos. El mercado ERP está creciendo como la espuma de una cerveza bien servida, con proyecciones que hablan de más de 114 mil millones de dólares antes de que termine esta década.

España, ojo, no se queda atrás. El uso de ERPs ha crecido un 22% en menos de una década. En un mundo donde los datos ya no se organizan con archivadores, sino con dashboards predictivos, tener un ERP a la altura no es una opción: es el chaleco salvavidas en medio del tsunami digital.

Y entre todos, Odoo se ha convertido en el faro que muchos siguen. Modular, flexible, intuitivo. Adhoc, su Gold Partner, ha entendido que no basta con vender tecnología: hay que adaptarla al alma de cada empresa. Más de 350 clientes lo confirman. Es aquí donde lo retro se mezcla con lo futurista: no se trata de reemplazar todo lo anterior, sino de rediseñar desde las raíces.

Lo predictivo ya no es magia, es la norma

Hace años soñábamos con saber qué quería un cliente antes de que lo dijera. Ahora lo sabemos. No porque seamos brujos, sino porque los datos hablan. Los algoritmos de análisis predictivo detectan patrones con una precisión que asusta. ¿Cuántas unidades vas a vender el mes que viene? ¿Cuál será tu cuello de botella logístico? Las respuestas ya no son conjeturas. Son predicciones con respaldo matemático.

Y como si fuera poco, esa misma IA ahora personaliza la experiencia del cliente al punto de que un usuario se siente único entre millones. Las plataformas como Amazon o Netflix lo hacen con naturalidad. Saben lo que te gusta antes de que tú sepas que te gusta. Las empresas que no entiendan esto quedarán fuera del juego.

Todo conectado, todo inmersivo, todo en tiempo real

El Internet de las Cosas (IoT) ha transformado cada elemento del trabajo. Desde sensores que detectan anomalías en una máquina antes de que se rompa, hasta etiquetas inteligentes que monitorizan una caja durante todo su trayecto por el mundo. Lo tangible y lo digital ya no son dos universos: son la misma realidad.

Y si a eso le sumamos la realidad aumentada y la virtual, el futuro laboral se parece más a un videojuego que a una oficina. Puedes caminar por un almacén sin moverte de tu casa, asistir a una reunión sin salir del sofá, o simular una línea de producción sin haberla construido. Todo esto ya es cotidiano en entornos industriales avanzados.

El éxito empresarial ya no se mide en balances, sino en adaptación

El futuro no es de los fuertes. Es de los rápidos. Las empresas que adoptan estas tecnologías no solo se mantienen a flote: lideran. Amazon, Tesla, Mercado Libre… todas ellas integran sistemas de gestión e inteligencia artificial de formas que harían llorar a cualquier CEO de los años noventa. Las integraciones entre ERP y e-commerce están redefiniendo lo que significa ser competitivo.

Pero, claro, no todo es un jardín de rosas automatizadas. También hay miedo. También hay resistencia. También hay costes. Pero, como dicen los viejos del pueblo: “el que quiera peces, que se moje el trasero”. Superar las barreras del cambio no solo implica inversión, sino una voluntad casi filosófica de renunciar a lo cómodo para abrazar lo que viene.

¿Y el trabajo? Ya no es un lugar, es una red inteligente

El llamado “trabajo híbrido” ha dejado de ser tendencia para convertirse en paisaje. Más de la mitad de los empleados del mundo ya no acuden diariamente a una oficina. Y no lo necesitan. La tecnología les ha dado alas y pantallas. Y lo que parecía una medida temporal, hoy es un modelo operativo.

Además, la automatización inteligente ha redibujado las fronteras entre humanos y máquinas. No se trata de reemplazar, sino de liberar. Que las máquinas hagan lo suyo y los humanos también, pero mejor. El futuro no elimina empleos: los transforma.


“El futuro no viene. El futuro ya está en la sala de reuniones”

“Quien no se adapta, no desaparece: simplemente se vuelve invisible”

“Lo empresarial del mañana se escribe con código del presente”


¿Y si la tecnología no destruye nada, sino que lo ordena todo?

¿Y si la gestión empresarial futurista no fuera un monstruo digital, sino una brújula? ¿Y si el problema no fuera el futuro, sino nuestro apego al pasado? La verdadera transformación no ocurre cuando instalas un software, sino cuando entiendes que el cambio no tiene botón de pausa.

Las herramientas están sobre la mesa. Los datos también. El reto ya no es tecnológico, sino mental.

¿Te atreves a reimaginar tu empresa desde cero? ¿O seguirás archivando PDFs mientras otros programan el mañana?

¿Por qué los videojuegos retro valen más que el oro?

¿Por qué los videojuegos retro valen más que el oro? El coleccionismo de películas físicas conquista el futuro

¿Por qué los videojuegos retro valen más que el oro? 40

Estamos en 2025, en una habitación sin Wi-Fi, rodeado de cartuchos, mandos con cables enredados y carátulas de plástico crujiente que huelen a tiempo detenido. El coleccionismo de videojuegos y películas físicas no solo sobrevive a la era digital, sino que crece con fuerza imprevisible. 📼🕹️

Origen: E-commerce, blockchain drive collectibles growth – IT-Online

El polvo ya no es enemigo del jugador, sino una medalla de honor. Porque ahí, entre consolas olvidadas y DVDs sin código QR, vive un mundo que se resiste a evaporarse en la nube. Lo físico se convierte en trinchera frente a lo efímero. El auge del coleccionismo retro no es una moda: es una forma de estar en el mundo. Y no exagero si digo que ya no se trata solo de jugar o mirar películas, sino de poseer un pedazo de historia. Literal.

La fiebre del cartucho sagrado

Todo empieza como empiezan los grandes amores: por casualidad. Una caja en el desván, un mercadillo, una visita fugaz a casa de los padres. El contacto con lo antiguo no solo remueve recuerdos, sino que activa una mecánica secreta del alma: el deseo de recuperar lo que el tiempo borró. Y cuando uno se da cuenta, ya ha gastado el sueldo del mes en una copia original de Chrono Trigger o en ese Blu-Ray de Blade Runner que solo salió en una edición limitada japonesa.

Lo asombroso es que no estamos hablando de caprichos personales. El mercado lo respalda con cifras que dan vértigo: en 2020 el mercado de coleccionables ya rozaba los 372.000 millones de dólares y, si nada lo detiene, se espera que roce los 522.000 millones para 2028. ¿Qué otra cosa crece con semejante apetito? Ni el precio del café.

Y luego está la pandemia, claro. Ese encierro global que nos hizo mirar hacia dentro… y hacia atrás. Con las tiendas cerradas y el mundo suspendido en el limbo del streaming, miles de personas buscaron consuelo en su infancia. Y allí, entre las cajas olvidadas, volvieron a encontrar los cartuchos, los mandos y las carátulas que les devolvían el control de algo, aunque fuera un mando de Super Nintendo.

“La nostalgia es el carburante más caro del mercado”, me dijo una vez un coleccionista de Zaragoza mientras me enseñaba su Metroid Prime sin abrir. Y tenía razón. Porque esos recuerdos se pagan a precio de oro.

El retro ya no es cosa de frikis

Quien piense que esto sigue siendo un pasatiempo de nerds encerrados en el sótano, va tarde. Muy tarde. El coleccionismo de videojuegos retro y películas físicas es ahora un fenómeno de masas. Se celebran ferias como Retro Con en Filadelfia o el Totally Rad Vintage Fest en Las Vegas, donde miles de personas se congregan para intercambiar, comprar o simplemente contemplar objetos que parecen salidos de una cápsula del tiempo.

En Europa, el fenómeno no se queda atrás. Reino Unido presume de eventos como la Super Retro Games Fair o la mítica Collectorabilia, donde hasta los más escépticos caen en la trampa del recuerdo. En estos templos del pasado, uno puede ver a padres enseñando a sus hijos a soplar cartuchos, a abuelas preguntando por “aquella película del vaquero que hablaba poco” y a adolescentes comprando Final Fantasy VII como quien adquiere un tesoro de otro mundo.

«No son cosas viejas. Son cápsulas de emoción pura», me dijo un vendedor británico mientras envolvía una edición en VHS de The Goonies. Y tenía razón. Porque estos objetos no envejecen: maduran, como los buenos vinos.

El precio de la nostalgia

Desde que empezó el encierro mundial, los precios de los videojuegos retro han subido un 42%. Algunos casos rozan lo absurdo: Paper Mario: The Thousand-Year Door duplicó su precio en apenas cuatro meses. Earthbound, ese RPG casi místico, se disparó de los 167,36 USD a los 286,13 USD como si de un activo bursátil se tratara. Consolas como la Nintendo 64 pasaron de olvidadas a veneradas, y su precio lo refleja: más del doble en un abrir y cerrar de eBay.

En un mundo donde todo es digital, intangible, momentáneo, la materia gana peso emocional y financiero. Porque lo que se puede tocar, se puede amar… y vender. Algunos incluso han visto en este fenómeno una alternativa a los mercados tradicionales. Si las criptomonedas pueden subir y bajar con un tuit, al menos un cartucho de Pokémon Edición Cristal siempre será un cartucho de Pokémon Edición Cristal.

Hay quien compra porque lo quiere todo, otros porque quieren revivir su infancia. Pero también están los que invierten. Con cabeza. Con Excel. Con lupa. Buscando rarezas, ediciones japonesas, errores de impresión. Y sí, claro, con blockchain de por medio para certificar originalidad y valor. Porque el futuro también se cuela en lo retro.

“Esto no es un juego. Es arqueología emocional”

“Un disco Blu-Ray es el vinilo de los cinéfilos”. Es una frase que oí en un foro de coleccionistas y se me quedó grabada. Porque tiene toda la verdad del mundo. Las películas físicas también viven su propia resurrección. Los que en su día despreciaban el DVD por aparatoso y limitado, ahora lo veneran por lo mismo: por tener límites. Por ser finito. Por no depender de si Netflix la borra mañana.

Y es que muchas joyas del cine han desaparecido de los catálogos digitales. Ediciones limitadas, extras, doblajes perdidos, escenas censuradas… Todo eso vive en los discos que guardan polvo en las estanterías, no en la nube. Allí no se borra nada porque no hay botones de “actualizar”.

Coleccionar películas hoy es casi un acto de resistencia. Una afirmación. Una forma de decir: yo decido lo que veo, cuándo lo veo y en qué idioma. Lo mismo que coleccionar videojuegos. Porque no se trata solo de jugar, sino de tener. De preservar. De saber que si mañana apagan los servidores, uno aún puede conectar la GameCube y seguir siendo dueño de su infancia.

Humanismo en 8 bits

Quien diga que esto es solo nostalgia, se equivoca. Lo que se está construyendo es una cultura alternativa de la permanencia. Frente al flujo continuo del “streaming sin fin”, esta gente apuesta por la pausa, la colección, el objeto amado. “El alma necesita estanterías”, decía mi abuelo, y creo que nunca fue tan cierto.

También hay un componente profundamente humano. Estos objetos unen a personas que no se conocen, pero comparten códigos invisibles: la intro de Metal Gear Solid, el sonido de un cartucho al entrar, el olor a manual nuevo. Porque sí, los manuales también olían. Y cada página era una promesa de aventura.

Mientras todo el mundo corre hacia adelante, hay quienes caminan hacia atrás con la misma pasión. Y lo hacen con estilo: camisetas de los 90, gafas de pasta, mochilas del Club Nintendo. No es ironía, es amor. Y el amor por lo retro no necesita explicación. Solo necesita espacio en la estantería.


“Quien guarda, encuentra. Y quien colecciona, revive”

“Un cartucho no envejece, solo acumula historias”

“No es un capricho. Es una forma de mirar el mundo”


“Un objeto no vale por lo que cuesta, sino por lo que recuerda” (Anónimo)

“Recuerda que los videojuegos no son una evasión, son un espejo” (Hideo Kojima)


El coleccionismo físico también tiene futuro

Por extraño que parezca, el futuro del entretenimiento no está solo en el streaming ni en los servidores en la nube. Está en la mano, en la caja, en la carátula que uno puede oler y tocar. El coleccionismo de videojuegos y películas físicas no es un escape al pasado, sino una defensa del presente. Una forma de darle peso al tiempo, forma al recuerdo y sentido a lo que poseemos.

¿Volverán las grandes compañías a apostar por formatos físicos? ¿O quedará todo en manos de nostálgicos y cazadores de rarezas? Tal vez lo más inquietante no sea el precio de un cartucho, sino la idea de que un día, sin darnos cuenta, todo aquello que fue tangible deje de existir.

Y tú, ¿qué prefieres? ¿Tocar tu infancia o dejar que se evapore en el scroll infinito?

¿Por qué el Nothing Headphone 1 es el icono retro futurista definitivo?

Nothing Headphone 1 el futuro transparente que desafía a la tecnología retro ¿Por qué el Nothing Headphone 1 es el icono retro futurista definitivo?

Estamos en pleno verano de 2025 y la palabra NOTHING HEADPHONE 1 empieza a resonar como el nuevo grito de guerra entre los amantes de la tecnología. La sensación es tan ineludible que, tras probarlos, no pude evitar preguntarme si había caído en una simulación retrofuturista donde el pasado y el futuro se abrazan en un mismo auricular. Porque esto no es solo un gadget: es un manifiesto sonoro, una provocación y un homenaje a la nostalgia tecnológica que muchos llevamos tatuada en el alma.

Vuelvo a encontrarme frente a ese diseño futurista que rompe cualquier patrón preestablecido. Los NOTHING HEADPHONE 1 se presentan en mis manos como una promesa de modernidad, con esa carcasa transparente que expone su corazón de silicio y sus venas de cobre. Sí, aquí no hay secretos: la robótica de consumo es ahora arte visible. Recuerdo ese viejo refrán inglés que dice “Lo que ves es lo que hay”, aunque en este caso, lo que hay es mucho más de lo que se ve. Porque lo transparente no solo muestra, sino que intriga y desafía.

La transparencia como declaración de intenciones

El diseño transparente de los Nothing Headphone 1 no es solo una extravagancia para llamar la atención. Es una respuesta directa a ese minimalismo anónimo que ha plagado la industria del audio en la última década. Aquí la apuesta es clara: si eres capaz de fabricar algo bello, déjalo al desnudo, que todos lo vean. De pronto me siento como un niño mirando el interior de una radio antigua o un televisor de tubo, fascinado por engranajes y circuitos. Nada de carcasas opacas. Nada de ocultar la ingeniería. Una oda a la honestidad, al arte de mostrar las tripas del progreso.

Las referencias culturales saltan solas: el Nothing Headphone 1 me remite a aquellas películas de los ochenta donde los gadgets futuristas prometían cambiar el mundo, pero también me recuerda a la era de los Discman y los walkman transparentes, cuando la tecnología todavía tenía algo de magia. Como dice el refrán: “Quien no enseña, no vende”. Y Nothing ha decidido vender mostrando.

 

¿Por qué el Nothing Headphone 1 es el icono retro futurista definitivo? 45¿Por qué el Nothing Headphone 1 es el icono retro futurista definitivo? 46¿Por qué el Nothing Headphone 1 es el icono retro futurista definitivo? 47

Origen: Nothing lança seu 1º headphone; design futurista e preço razoável

Cuando la ingeniería visible se une a la experiencia sonora

La colaboración con KEF audio es, probablemente, lo que termina de elevar a estos auriculares a la categoría de objeto de deseo. Hablo de una marca con décadas de historia que, lejos de encerrarse en la nostalgia, ha traído sus tecnologías punteras al mundo del consumidor digital. Gracias a KEF, el sonido de los Nothing Headphone 1 es preciso, cálido y, sobre todo, humano. El driver dinámico de 40 mm, calibrado con mimo casi artesanal, es capaz de reproducir desde los susurros de un piano hasta el rugido de una guitarra eléctrica con una naturalidad envidiable.

La música suena como si estuvieras dentro del estudio. Y lo mejor: todo ese despliegue de tecnología británica llega sin el sobreprecio de los grandes nombres. Aquí el lujo no es ostentoso, sino honesto, casi punk. ¿Estamos ante una nueva era del “audio democrático”? Puede ser. O quizá solo es Nothing queriendo demostrar que la innovación en auriculares no tiene por qué venir siempre de las mismas manos.

“El futuro es transparente. Lo que importa no se esconde”

Autonomía de otro planeta

Ochenta horas. Repito: ochenta horas. Así, en mayúsculas, porque en un mundo donde casi todo se agota antes de tiempo, una batería de larga duración como esta es casi un acto de rebeldía. El NOTHING HEADPHONE 1 deja en ridículo a sus competidores más ilustres: donde otros ofrecen apenas un par de días, aquí hablamos de semanas enteras de música, podcasts o vídeos sin buscar enchufe.

¿Te vas de viaje? Olvídate del cargador. ¿Tienes una reunión que se alarga más de lo previsto? Tranquilo, cinco minutos de carga y vuelves a tener dos horas más de autonomía. Esto no es solo una característica, es una filosofía de vida. Porque el verdadero lujo, hoy, es la independencia.

Y aún así, surge la pregunta: ¿hasta dónde puede llegar la autonomía de los gadgets modernos antes de que nos olvidemos de que necesitan electricidad?

La inteligencia artificial entra en juego

Pero si hay algo que marca la diferencia en la experiencia del Nothing Headphone 1, es su audio personalizado gracias a la integración de IA. Aquí los algoritmos no son un simple añadido, sino el cerebro oculto tras la música que escuchas. Ajustan el sonido a tus preferencias, aprenden de tus costumbres, moldean la experiencia. ¿Un ecualizador de ocho bandas? Sí, claro, pero también un ingeniero invisible que calibra cada matiz según la anatomía única de tus oídos. Como si tuvieras a Brian Eno programando tus auriculares.

La IA, en este caso, no es una palabra vacía, sino una presencia tangible. El audio espacial personalizado utiliza incluso la cámara para perfilar un sonido que es solo tuyo, irrepetible. El futuro, por fin, se escucha tan bien como se ve.

La batalla de los audífonos! ¿Vintage, Retro o Futurista?

“Un auricular que aprende es un auricular que vive”

Retro tech, tendencias vintage y la nostalgia de la ciencia ficción

Vuelvo a pensar en ese niño fascinado por la ingeniería visible. La tendencia retro tech no es solo una moda pasajera, es la necesidad de reconectar con los objetos que cuentan historias. El Nothing Headphone 1, con sus formas rotundas y su aire de gadget ochentero que se escapó de Blade Runner, conecta lo mejor de la tradición con la osadía del presente.

Y no está solo. Marcas como Vieta, Sony o incluso Louis Vuitton han lanzado apuestas transparentes y retrofuturistas, aunque ninguna logra ese equilibrio tan fino entre pasado y futuro. Lo vintage está de vuelta, pero ahora es digital, inteligente, hasta sentimental. La nostalgia se hace tecnología y la tecnología se hace nostalgia. Y así, el círculo se cierra.

“La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa.” (Proverbio tradicional)

Cancelación de ruido activa: el silencio como arte

Hablar de cancelación de ruido activa en 2025 parece casi un cliché. Pero aquí, la experiencia es casi mágica: los Nothing Headphone 1 son capaces de aislarte en medio del tráfico, el metro o la oficina abierta. Y, al mismo tiempo, dejar pasar justo lo necesario cuando necesitas volver al mundo real. La robótica de consumo no solo es visible, es también audible: los micrófonos integrados, la modulación del sonido ambiente y la adaptación constante hacen que el silencio sea, por fin, un lujo cotidiano.

Resistencia IP52: tecnología a prueba de ciudad

El reto de la vida urbana es sobrevivir a la lluvia, el polvo, el café derramado y los codazos del metro. Aquí la resistencia IP52 significa mucho más que una cifra: es una garantía de que los Nothing Headphone 1 soportan el día a día sin pestañear, pero también un guiño a la robustez de los gadgets vintage que sobrevivían a todo. Así, lo transparente no es frágil, sino fuerte. La modernidad y la naturaleza, bailando una extraña pero efectiva samba.

En comparación con los clásicos del pasado, la certificación IP52 es la diferencia entre llevar un objeto de museo en la cabeza o una herramienta para la batalla diaria. Porque sí, la ciudad es la nueva jungla y el auricular es la nueva armadura.

El precio de la provocación

299 euros. Lo repito en voz alta, porque duele y seduce a partes iguales. En un mercado donde los precios parecen haber perdido el sentido de la realidad, los Nothing Headphone 1 proponen un acuerdo honesto: tecnología de gama alta a precio razonable, sin los excesos ni los logos dorados de siempre. La batalla con los AirPods Max, los Sony XM5 y compañía se juega aquí, en la frontera del valor. Y hay quien diría que Nothing no compite, sino que desafía. Porque, como decían los viejos piratas, “el verdadero tesoro no es el oro, sino la libertad”.

“El pasado y el futuro se encuentran en cada nota”

Accesorios tecnológicos y la cultura del “gadget”

Sería injusto no mencionar la fiebre por los accesorios tecnológicos que ha despertado la llegada de los Nothing Headphone 1. Fundas, cables trenzados, soportes minimalistas: todo quiere subirse a la ola de la transparencia y el diseño retro futurista. Ya no es suficiente con escuchar bien: hay que verse bien mientras se escucha. Y, en ese terreno, Nothing ha vuelto a marcar tendencia.

Al final, no estamos solo ante un auricular: estamos ante una nueva cultura del objeto. Un manifiesto visual, sonoro y emocional que desafía a las grandes marcas y que, por cierto, empieza a ser imitado con descaro por las nuevas generaciones de diseñadores.

La competencia se rinde ante la transparencia

Marcas como JBL, Powerbeats Pro o incluso los míticos Bose han empezado a explorar caminos similares. El “diseño transparente” ya no es solo una extravagancia, es el nuevo estándar para quienes buscan destacar. La diferencia, claro, sigue siendo esa mezcla de valentía estética y honestidad funcional que Nothing ha elevado a su máxima expresión.

¿Y ahora qué?

Dicen que el verdadero arte es aquel que provoca preguntas. Y el Nothing Headphone 1, sin duda, lo consigue. ¿Estamos ante una moda efímera o ante el inicio de una nueva forma de entender la tecnología? ¿La transparencia será la norma, o pronto volveremos a esconder lo que nos hace únicos? ¿Hasta dónde puede llegar la integración de inteligencia artificial en el audio? ¿Qué pasará cuando el pasado deje de ser tendencia y el futuro sea solo rutina?

En el fondo, lo importante no es encontrar todas las respuestas, sino seguir haciéndose preguntas. Y, mientras tanto, dejarse llevar por el placer de escuchar, ver y sentir. Porque la verdadera innovación nunca está en el objeto, sino en la experiencia.


“El futuro se escucha, se ve y se siente”

NOTHING HEADPHONE 1 no es solo un auricular, es la prueba viviente de que lo retro, lo vintage y lo futurista pueden convivir en armonía. Un artefacto tan cercano como un recuerdo y tan avanzado como un sueño.

Y si algún día los encuentras en una cafetería de Londres, no los mires solo como un objeto: escúchalos. Puede que descubras que el futuro, esta vez, no tiene nada que esconder.


Para profundizar en las fuentes y análisis:

“El futuro transparente no se explica. Se escucha.”

¿El mercado laboral del futuro sepulta el currículum o exalta el valor humano?

¿El mercado laboral del futuro sepulta el currículum o exalta el valor humano? El valor humano renace cuando el currículum muere en la era retrofuturista

Estamos en julio de 2025, y la palabra mercado laboral baila entre lo retro y lo futurista con la agilidad de un bailarín que no quiere ser olvidado. Es un verano caluroso en la Alameda de Cervera, pero el calor verdadero no está en la calle, sino en el ambiente laboral: un fuego donde el papel del currículum arde sin compasión y el valor humano se eleva, fresco y desafiante, sobre las cenizas de todo lo que dábamos por sentado.

El mercado laboral ya no es lo que era, y lo digo con la voz grave del que ha visto demasiados cambios como para no tomarse esto con ironía. El currículum, esa cartulina gloriosa que alguna vez abrí con orgullo frente a jefes aburridos, hoy parece tan útil como una cinta de casete en una tienda de móviles. Lo sé porque lo he vivido en mis carnes: en el nuevo orden retrofuturista, tu título importa lo mismo que la marca de tu bolígrafo. Ahora lo que cuenta es el valor innegable, esa rara cualidad humana que no se imprime ni se plastifica.

Hay quien aún se empeña en preguntar si el mercado laboral ha muerto. “¿Se acabó el trabajo tal como lo conocemos?” preguntan, como quien teme que la fiesta haya terminado y se apagan las luces. La realidad es otra, y mucho más jugosa: no hay funeral para el mercado laboral, sino un nacimiento salvaje, un parto doloroso y gozoso a la vez, donde la única herencia válida es tu valor personal. Y el que no lo tenga, no es desempleado; simplemente, se ha vuelto invisible. Así de sencillo. Así de brutal.

¿El mercado laboral del futuro sepulta el currículum o exalta el valor humano? 52

Origen: The Job Market Just Died (And Nobody Told You)

El currículum, esa reliquia vintage que ya no impresiona a nadie

Hace tiempo, en uno de mis turnos como editor de la tribu digital By Johnny Zuri, me tocó lidiar con un escritor muy listo y, a la vez, ingenuo. Traía consigo un doctorado que parecía una medalla de guerra y, cómo no, insistía en lucirlo al pie de su reportaje. “Esto me da autoridad”, afirmaba con esa convicción de quien no ha visto la tormenta venir. Me limité a reír por dentro: “En el mundo que describes, amigo, tu doctorado vale menos que una entrada de cine sin fecha”.

Y aquí estamos, en un mercado que premia el valor real y castiga la ostentación vacía. Como bien resume un artículo que marcó mi semana, el mercado laboral no ha muerto, simplemente ha mutado a un estadio donde solo sobrevive el que brilla con luz propia, sin necesidad de credenciales polvorientas (fuente). El currículum es el nuevo VHS: lo tienes, pero nadie te lo pide.

“No eres desempleado, eres inempleable si no aportas valor.”

Retro y futuro, un baile de máscaras en el mercado laboral

Me fascina la imagen del retrofuturismo: ese universo estético donde los años 60 imaginaban un futuro de robots, autos voladores y felicidad manufacturada. Buckminster Fuller lo soñó, y, con una ingenuidad deliciosa, creyó que el trabajo manual desaparecería, liberando al humano para el arte y la invención. Vaya giro de guion. El futuro llegó, sí, pero con el sarcasmo propio de un guionista en paro: la tecnología liberó a muchos, pero no a todos. Ahora el mercado premia a quien inventa su propio trabajo y ridiculiza a los que solo traen títulos colgados al cuello.

Miremos el caso de Estados Unidos, ese país donde lo vintage siempre vuelve con fuerza, pero el mercado tech ha hecho limpieza general. Miles de ingenieros titulados han salido disparados como confeti de una piñata, y las empresas, lejos de buscar a los mejores currículums, rastrean a los que crean impacto real: los que suben proyectos en Github, lanzan prototipos, o inventan startups en la sobremesa. El resto, a la cola, esperando un milagro que no llegará.

Y no es cosa de una moda yanqui. En Europa y el Reino Unido el fenómeno resuena con fuerza: iniciativas de empleo que huelen a feria de los 80 pero transpiran innovación. Adiós al maletín y al traje gris; hola a los hackatones virtuales y las presentaciones en Twitch. El chaval que sabe programar mientras bebe refrescos se merienda al MBA de Harvard que solo presume de contactos.

“El currículum ha muerto. Viva el valor humano, crudo, incómodo y brillante.”

Cuando la innovación se viste de vintage

Hay una tendencia irresistible en las empresas punteras: fusionar el retrofuturismo con la tecnología más salvaje. Ahora no importa si tienes un título, sino si puedes mostrar tu “valorfolio”, esa colección de proyectos personales, experimentos fallidos y éxitos agridulces que demuestran lo que vales sin adornos ni firmas.

La inteligencia artificial ya revisa portafolios y hasta evalúa tu creatividad en tiempo real, descartando a los que solo saben hablar de sí mismos en tercera persona. Me acuerdo de esas ferias de empleo de antaño, donde lo más futurista era un bolígrafo con luz. Ahora, la escena es un videojuego de realidad virtual donde un avatar tuyo demuestra habilidades mientras otros solo pueden mirar.

¿Y el pasado? Es nuestra mejor fuente de aprendizaje. Steve Jobs, icono vintage y gurú del futuro, nunca preguntaba por títulos, sino por ideas frescas y capacidad de reinventar lo imposible. ¿Quién iba a pensar que un hippie de garaje dictaría las normas laborales del 2025? Así es la historia, una comedia irónica donde el futuro siempre parece una reedición mejorada del pasado.

“El valor humano no se imprime ni se plastifica. Se demuestra.”

Estrategias eternas para no quedarse fuera del juego

A veces me preguntan, entre café y charla, cómo sobrevivir en este mercado tan loco. Mi respuesta es simple, aunque muchos prefieran cerrar los oídos: olvida el currículum y construye tu propio relato, tu valorfolio. Busca proyectos donde lo retro y lo futurista se abracen: apps que homenajean el diseño vintage, IA que recupera saberes antiguos, colaboraciones inesperadas que valen más que cien diplomas.

Hay que abrazar lo innovador, pero sin perder la chispa nostálgica. Las empresas exploran el metaverso, buscan perfiles que demuestran en vivo lo que valen. ¿Avatares que hacen entrevistas? Por supuesto. ¿Portafolios que cuentan tu historia en tiempo real? Más vale que tengas uno.

Mira siempre al pasado para dar el salto al futuro. Como el gran Jobs, confía en la intuición. Aquellos que hoy triunfan no son los más listos en teoría, sino los que se atreven a equivocarse, a intentarlo de nuevo, a mezclar arte y tecnología sin pedir permiso.

“En este mercado laboral, el que no baila, no sale en la foto.”

h4 «Lo importante no es saber, sino demostrar lo que sabes hacer» (Refrán popular)

h5 “El futuro pertenece a quienes se atreven a reinventarse cada día.”

El currículum es el nuevo fax, el valor humano es el futuro retro que todos quieren

No, el mercado laboral no ha muerto. Solo se ha disfrazado con máscaras nuevas, y exige más humanidad, más originalidad, más valor real. Si crees que basta con imprimir tu vida en una hoja, mejor compra una máquina de escribir y escribe una novela: al menos así dejarás algo para la posteridad. Pero si quieres estar en el juego, toca reinventar el significado del éxito, mirar el pasado para saltar al futuro y, sobre todo, dejar que tu valor personal hable más alto que cualquier credencial.

He visto muchos quedarse sentados, esperando que alguien les devuelva el viejo guion de siempre. Pero el nuevo libreto exige valentía, creatividad, ironía, ganas de reírse incluso del fracaso. Eso, y nada más, es el verdadero valor humano que este mercado demanda.

Y aquí seguimos, en este verano de 2025, cuando el mercado laboral se parece más que nunca a una feria retrofuturista. Queda una pregunta, como un estribillo de jazz que nadie se atreve a terminar:
¿Te atreverás a dejar morir el currículum y bailar, de una vez por todas, al ritmo del valor humano?

La SLAVIA B de Škoda es más futurista que muchas motos actuales

¿Puede una moto del siglo XIX dictar el futuro eléctrico? La SLAVIA B de Škoda es más futurista que muchas motos actuales

La SLAVIA B de Škoda es la clase de idea que te hace levantar la ceja, sonreír con incredulidad y pensar: “¿Pero esto va en serio?” 🤯 Porque una cosa es restaurar una vieja motocicleta de museo, y otra muy distinta es resucitar un artilugio de 1899 y convertirlo en un manifiesto eléctrico con alma de café racer. Sí, han leído bien. Esta criatura, que nació cuando el mundo aún olía a carbón y cuero, ahora se presenta vestida de “Modern Solid”, ese lenguaje de diseño con nombre de whisky escocés que Škoda ha decidido abrazar para su nueva era eléctrica.

La SLAVIA B de Škoda es más futurista que muchas motos actuales 57

Origen: Skoda rescata una moto clásica y la convierte en un objeto de deseo futurista

La SLAVIA B no es una moto. Es una paradoja con ruedas.

A mí estas cosas me fascinan. No por la nostalgia, sino por la osadía. Porque se necesita una dosis importante de descaro —y bastante sentido del humor— para mirar una reliquia centenaria y decir: “Tú, vieja chatarra con alma de pionera… te vamos a convertir en la musa del futuro”. Eso es justo lo que ha hecho el diseñador francés Romain Bucaille, y lo ha hecho con tal elegancia que uno no sabe si aplaudir o llorar de emoción.

La bicicleta que quiso ser cometa

Hace tiempo, en la bohemia Mladá Boleslav, dos tipos llamados Václav (Laurin y Klement) montaron una fábrica de bicicletas con un nombre que ahora suena como marca de ginebra boutique: Slavia. Corría el año 1895, y lo más parecido a un Tesla era un tranvía tirado por caballos. Pero esos dos Václav no tenían paciencia para lo ordinario. En 1899, presentaron su Slavia B, una moto de 1,75 caballos, con motor monocilíndrico de 240 cc y toda la ambición de una bestia salvaje… que apenas llegaba a los 40 km/h.

Y ahora, 125 años después, esa misma criatura —o su fantasma reinterpretado— vuelve a la vida, pero sin pistones, ni humo, ni rugidos, solo con el zumbido eléctrico de un presente que ya parece sacado de una novela de ciencia ficción.

Cuando el silencio habla más que el motor

La nueva Slavia B no tiene motor donde uno esperaría encontrarlo. Lo que hay es… nada. O mejor dicho: espacio. Un vacío cuidadosamente diseñado para que flote el logotipo original de Laurin & Klement, como si fuera una aparición sobrenatural. Una ausencia que dice más que mil motores: el futuro ya no necesita hacer ruido para impresionar.

Ese hueco es elocuente. Es un guiño, un poema visual, una provocación para los petrolheads que aún creen que sin ruido no hay pasión. “¡Error, señores!”, parece gritar desde su silencio elegante. La emoción está intacta. Solo ha cambiado de frecuencia.

“El motor ha muerto, larga vida al símbolo”

El sistema eléctrico —porque sí, es una moto de verdad— está escondido con la misma discreción de un mayordomo inglés. Nadie sabe aún cuánto corre, ni cuánta autonomía tiene, ni si se conecta con una app. Pero da igual. No es una moto hecha para ser vendida. Es una declaración.

Entre la nostalgia y el vértigo del diseño

Cuando Bucaille habla de su creación, lo hace con la ternura de un niño que ha desmontado un reloj antiguo y ha logrado devolverle el tic-tac. Dice que se inspiró en las raíces de la marca, que quería rendir homenaje a sus pasiones personales —los coches y las motos— y que el resultado es una especie de “café racer futurista con alma vintage”. Y lo es. Pero también es algo más.

Porque esta Slavia B no replica simplemente lo viejo. Lo destila, lo reinterpretada, lo eleva. El asiento parece flotar como una nube sobre la estructura; la bolsa de herramientas en cuero integrada en el chasis no es un adorno, sino una metáfora. Y ese diseño en V que divide la parte delantera de la trasera es tan limpio, tan afilado, que casi dan ganas de tocarlo para ver si corta.

“Modern Solid” o el arte de mirar atrás sin girar la cabeza

El lenguaje de diseño de Škoda tiene un nombre que podría confundirse con el eslogan de un gimnasio: “Modern Solid”. Robustez, funcionalidad, autenticidad, dicen. Y aunque suene a catálogo de muebles escandinavos, en la Slavia B esa filosofía se transforma en arte.

Todo está ahí, sí, pero despojado del barroquismo digital que tanto abunda hoy. Nada de pantallas de 20 pulgadas, ni mandos táctiles. Solo diseño puro. Forma al servicio del alma, no del algoritmo.

Es curioso, ¿no? En un mundo obsesionado con “lo nuevo”, de pronto una moto que rinde homenaje a 1899 parece más vanguardista que los scooters eléctricos que se creen naves espaciales.

El retrofuturismo no es moda, es brújula

Este concepto se llama retrofuturismo, pero no se confundan. No es nostalgia para hipsters. Es una manera muy seria de pensar el futuro sin amputar el pasado. Como quien arregla una casa antigua sin borrar sus grietas, sino integrándolas en la nueva decoración. No es mirar atrás, es no olvidar hacia dónde veníamos.

Y sí, la SLAVIA B reimaginada encaja en esa corriente como un guante de cuero curtido. Porque no se limita a disfrazar de moderna una reliquia. Le da una nueva vida sin perder su alma.

“Lo vintage es memoria; lo retrofuturista es promesa”

Una pieza de museo que quiere correr

No sorprende que coleccionistas estén ya afilando sus chequeras. La Slavia B no es un juguete de escaparate. Es un trofeo cultural. Pero lo mejor es que no intenta gustar a todo el mundo. No es democrática. No es accesible. Es una rareza, una herejía elegante, una provocación para quienes aún creen que el diseño solo sirve para vender cosas.

Y sin embargo, vende ideas, recuerdos, futuros posibles. Como esa hábil inclusión del háček —la diacrítica sobre la “Š” de Škoda— en la estructura misma del chasis. Un detalle tan invisible como decisivo. Porque un alfabeto también se puede conducir.

¿Qué será lo próximo en Škoda?

El proyecto “Icons Get A Makeover” no se detiene aquí. Cada reinterpretación de un clásico —como se muestra en esta serie— es un experimento de diseño emocional. No son vehículos. Son cápsulas del tiempo lanzadas hacia el porvenir. Y si la SLAVIA B es su carta de presentación, no quiero ni imaginar qué vendrá después.

Tal vez un coche de 1930 convertido en un dron urbano. O un tractor antiguo rediseñado como vehículo lunar. Porque cuando se mezcla historia con ingenio, el resultado no tiene límites.

¿Es esto el futuro de la moto eléctrica?

Muchos se preguntan si este tipo de conceptos pueden marcar el camino. Si realmente influirán en cómo serán las motos del mañana. Y yo diría que sí, pero con matices. La SLAVIA B no dicta tendencias, las inspira. Es un faro, no una autopista. Y en un sector donde muchas motos eléctricas aún parecen tostadoras con ruedas, tener una visión con alma es, francamente, refrescante.

“La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa.” (Proverbio tradicional)

Quizás ahí esté la clave: en tomarse el tiempo para hacer las cosas bien. Para diseñar no solo vehículos, sino también memorias. Para recordar que la belleza no es opcional cuando se trata del alma humana sobre dos ruedas.

¿Puede la nostalgia salvar el futuro?

Y ahora, la pregunta inevitable: ¿esto es solo un juego de diseño o una profecía? ¿Veremos más máquinas como esta surcando las calles? ¿O seguirá siendo una joya única, guardada en vitrinas digitales y artículos como este?

Tal vez la respuesta no importe tanto como el eco que deja esta creación. Un eco que no suena a rugido, sino a un susurro elegante: el futuro también tiene raíces. ¿Quién se atreve a regarlas?

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