Como las máquinas salvaescaleras han llegado para facilitarnos la vida

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10/19/2017 – El setenta por ciento de las comunidades de dueños no son convenientes a las necesidades de los residentes discapacitados. Por ley, el R. D. 8/2013 establece que para el día cuatro de diciembre del año vigente tanto las edificaciones públicas como privados han de ser alcanzables a través de elementos como las rampas de acceso, los pasamanos o bien las sillas salvaescaleras. No obstante, tal situación dista mucho de poder cumplirse. Las entidades que trabajan en el campo de la discapacidad, estima un horizonte de unos 7 o bien 8 años a fin de que se llegue al grado completo de cumplimiento.

Cabe recordar la obligación que tienen las comunidades de llevar a cabo las obras precisas a fin de que cualquier vecino con cualquier discapacidad pueda acceder a cualquier zona del edificio. Pero aceptan que falta mucho para mentalizar a la población sobre esta necesidad. La crisis económica tampoco ha ayudado mucho a que los dueños se lancen a acometer estas reformas.

La solución de movilidad más recurrente en los últimos años son los ascensores y los salvaescaleras. La creencia generalizada es que este tipo de soluciones son caras, no es tanto así y en precios de salvaescaleras podemos obtener amplia información al respecto.

Los administradores de fincas administran el ochenta por ciento de las comunidades de vecinos y aseguran que lo cierto es que en tiempo de crisis es bastante difícil proponer reformas y derramas entre los vecinos. Y las administraciones públicas tampoco han cooperado demasiado. Se ha prestado más atención a la rehabilitación de las construcciones para su eficacia energética que a la accesibilidad. Se habla más de la economía que de las personas.

Este verano se hablaba de una mujer lleva desde febrero sin poder salir de su casa. Se lo impide su discapacidad y el hecho de que la silla salvaescaleras que le dejaba bajar hasta la calle se ha roto. Elsa Cabrera, una vecina de Santa Cruz, de sesenta y cinco años, no puede contener las lágrimas cuando explica su historia. Asegura que le ha pedido ayuda al Municipio chicharrero (Tenerife) pero le contestan que no le pueden reparar la silla.

Elsa Cabrera vive en la segunda planta de un edificio de la calle César Casariego que no tiene elevador. Antes paseaba, pero se fracturó en 3 partes una pierna y desde ese momento utiliza silla de ruedas. En el año noventa y dos, una asociación le dio una silla salvaescaleras, que es la que le dejaba bajar hasta la calle. El tres de febrero se le rompió y lleva desde ese día encerrada en casa.

Una solución para cada necesidad

Existen abundantes equipos salvaescaleras y de mejora para labores cada día en la vida de personas con movilidad reducida. Para facilitar la tarea de los cuidadores y para lograr que el día tras día de bastantes personas sea más cómodo y también independiente.

Las sillas salvaescaleras pueden ser para tramos rectos o bien curvos, de interior o bien de exterior. Su instalación es fácil y no requieren realización de obra puesto que van ancladas a suelo. Como requisito esencial, tiene que existir una toma de corriente cercana a la escalera. Son de simple manejo y ocupan poco espacio en tanto que son plegables.

Las plataformas salvaescaleras pueden ser inclinadas o bien verticales, para instalaciones en el interior o bien listas para a ir a la intemperie. Estos equipos están en especial indicados para usuarios de sillas de ruedas, aparte de ser útiles y cómodos para cualquier persona.

Los ascensores para residencias unifamiliares son la opción mejor para el desplazamiento vertical. Existen cabinas en múltiples tamaños y configuraciones, en dependencia de lo que el cliente del servicio necesite o bien las medidas que tenga el hueco a emplear. Son de bajo consumo eléctrico si se equiparan con un elevador usual.

Tanto sillas como plataformas no tienen la obligación de revisiones periódicas mas sí es recomendable tenerlas siempre y en toda circunstancia en perfectas condiciones de conservación. Por otro lado, cuando se decide efectuar una adaptación en la residencia, sobre el aspecto económico, efectivamente esencial, deben primar el convencimiento y la confianza de que con ese producto se consigue una mayor independencia y calidad de vida.

Es el profesional quien debe recomendar sobre qué opción es mejor.

Entre el año mil novecientos veinte y mil novecientos treinta, el virus de la poliomielitis avizoraba a una gran parte de la población estadounidense. Pese a que se tenía documentación de la enfermedad de la polio desde cien años ya antes, los avances científicos sobre esta enfermedad eran deficientes. El virus, que afecta eminentemente a las piernas, deformándolas hasta hacerlas totalmente inútiles, impedía a quienes le sufrían poder hacer actividades normales. Entre esas actividades, estaba subir y bajar las escaleras.

Fue por ello como en la década de mil novecientos treinta ingenieros americanos diseñaron un sistema de raíles a la par de las escaleras a fin de que estas personas pudiesen subir, sin apenas esmero. De esta forma empezaba la historia de uno de los sistemas que hasta  hoy sigue salvando vidas y facilitándolas. En sus principios, a personas que por un virus que atacaba al sistema locomotor se veían impedidas de subir y bajar escaleras; ahora, a personas que por motivos de salud o bien de edad ya no pueden o bien no deberían utilizar las escaleras. El resultado del salvaescaleras

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